Historia del Bandoneón 

Cuando en 1835, Alejandro Bond, creaba en Alemania el primer bandoneón los musiqueros u organilleros del viejo Buenos Aires que difundían el tango y lo filtraban en las casas a través de los postigos, jamás hubieran imaginado que aquél instrumento de 71 teclas, 38 botones para la mano derecha y 33 para la mano izquierda, iba a tener la osadía de cruzar “el charco” para convertirse en ritual del tango.

El bandoneón en el tango es vital. “Tiene desmayos de caderas de mujer”, “rezonga con voz de alcoholista”, decía algún poeta para describirlo.

El hombre de la calle, siente por el bandoneón un respeto, una admiración, que no profesa por instrumento alguno.

El bandoneón llegó a Buenos Aires, hacia 1870, pero se convirtió en la voz instrumental del tango, en 1880. Desde entonces fueron muchos los célebres músicos que desde la ejecución y la composición, universalizaron el tango a través del bandoneón. Primero la Guardia Vieja y a partir de allí, la herencia, el trasvasamiento, Juan Maglio, Domingo Santa Cruz, “El Tano” Genaro Spósito, Vicente Greco y más recientemente Arolas, De Leone, Minotto, Mafia, Pedro Laurenz, fueron, podría decirse, los padres del bandoneón hecho tango. Luego las guardias posteriores entre las que brillan nombres como los de Aníbal Troilo, Héctor Artola, Federico Scorticasti, Armando Portier, Antonio Ríos, Julián Plaza, Julio Ahumada, para llegar a los herederos de hoy: Astor Piazzolla, Leopoldo Federico, Medero o Rovira. Y en esa nueva “horneada”, en ese enganche del tiempo, un de los elegidos se llama RODOLFO “CHOLO” MONTIRONI.