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30/09/2024

¿Saldrá de la actual campaña electoral alguna propuesta de politica exterior para Estados Unidos?

Fuente: telam

Las elecciones no muestran señales unificadoras. La división interna y el enfoque en derrotar adversarios marcan el panorama actual

>Al parecer no, por lo que la politica exterior de la potencia seguirá marcada por la polarización. Falta escaso tiempo para el veredicto de las urnas, y de esta campaña ha surgido muy poco que demuestre voluntad de recuperar los años perdidos, hasta malgastados en la división interna (la “casa dividida” de la que hablaba Lincoln) que ha caracterizado el debate político desde hace varias administraciones, una detrás de otra, y que también define al actual panorama, donde el tiempo se dedica a destrozar al adversario político mas que buscar puntos de encuentro.

Destaco lo anterior, ya que en general, el panorama no es optimista para la gran potencia, ya que hoy su posición es desafiada a todo nivel, y no se nota la voluntad de defenderse, lo cual complica la causa de la libertad en un escenario muy cambiante.

El problema para la mantención de EE. UU. como la potencia indiscutida, es que lo que hoy se le pide pasa por lo que le es mas difícil, ya que la mantención de su estatus pasa hoy por recuperar lo perdido que es unidad nacional para reaccionar ante los desafíos que se le presentan.

En el fondo, la tragedia para EE. UU. es que ha perdido buena parte de la claridad y unidad que tuvo en la guerra fría y que le permitió ganarla. Hoy es una política exterior sin dientes, caracterizada por el hecho que ha dejado de ser la potencia indispensable, tanto para la paz como para la guerra, como se demuestra en sus profundas divisiones, tanto en relación con Ucrania como con Israel, quizás la consecuencia de como desperdició la oportunidad de convertirse por décadas en superpotencia única, al colapsar la ex URSS.

¿Qué puede hacer EE. UU.? Muchas cosas, pero en todas, o al menos en la mayoría lo que está haciendo es insuficiente, toda vez que hoy no puede permitirse lujos superfluos como tener su casa dividida, lo que confunde a todos, tanto a amigos como enemigos o adversarios.

Al respecto, es notorio que no está confrontando a Irán como tampoco a la alianza ruso-china, los tres empañados en desafiar un fundamento clave del poder estadounidense, cual lo es la vigencia del dólar como instrumento básico del poder financiero y comercial de Washington. Hoy, sigue siendo un problema todavía menor, pero no hay duda de que la acción de esos tres adversarios va a seguir atacando ese flanco como correlato del poder económico creciente de China, ayudado por decisiones del propio EE. UU. ya que no parece entender del todo, que hoy China le concede igual o aun mayor importancia a sus decisiones geopolíticas, viéndose su éxito comercial como un elemento al servicio de ese avance.

Incluso, EE. UU parece haber perdido algo que fue importantísimo en la guerra fría como fue su capacidad autocrítica, lo que se demuestra también en la forma como han perdido identidad, entidad y capacidad de análisis instrumentos de la politica exterior como lo son el Departamento de Estado y el Pentágono, donde hoy parecen predominar las ideas de una complaciente burocracia, inadecuada para los desafíos que tienen por delante. Por ejemplo, el fracaso de las sanciones para los objetivos que se diseñan, como las actuales para Rusia que no han logrado detener su maquinaria bélica. También es el caso de la falta de entendimiento de que la alianza ruso-china es estratégica y fortalece a China, su único rival verdadero por el sitial de superpotencia.

Esa preferencia por la falta de debate se manifiesta también en la carencia de algo que también permitió ganar la guerra fría, es decir, la construcción de una narrativa mejor que la de sus adversarios, confianza en su propio sistema, y darse cuenta de que los aportes de sus instituciones, sin duda son mejores que sus alternativas. Es esa narrativa la que debiera ayudar a no tener dudas que debe contener la ofensiva islamista que ha tenido lugar en sus universidades con el apoyo a movimientos terroristas, no solo un tema de antisemitismo, sino también de seguridad nacional.

La necesidad de una adecuada narrativa, que combine hechos con emoción, hace imprescindible superar a través de la confrontación de ideas a elementos que han hecho daño a la posición de EE. UU. y que son extraños a una mejor politica exterior, lo que también necesita la superación del wokismo y el buenismo que hoy parecen predominar en algunas decisiones.

Al respecto, si se revisa la información que surge de, por ejemplo, el World of Statistics o similares, que muestran que la posición de EE. UU. en muchos indicadores ya no es la de un país que acostumbraba a figurar casi siempre en el trio o los cinco mejores, cuando hoy mas bien apunta a una ubicación más cercana a los doce o quince primeros. En otras palabras, el dominio de EE. UU. en presupuesto militar o producción de armas sigue siendo apabullante (otra cosa es la calidad de la inversión) como también lo es en producción científica, pero en muchos otros indicadores como calidad de vida y otros, uno ve un retroceso (también en calidad democrática) ya que en esos temas hoy predominan casi siempre los mismos, es decir, los países escandinavos, Australia, Nueva Zelanda. Eso da una aproximación mas objetiva del tipo de liderazgo que hoy debe (y puede) asumir Estados Unidos como potencia, si es que no quiere ser reemplazada. De partida, necesita más información de lo que ocurre en el resto del mundo en sus medios de comunicación.

Sobre todo, existe algo fundamental que EE. UU. no debiera olvidar nunca, que es su responsabilidad como líder, encabezar la defensa de lo que hizo la grandeza de Occidente. No basta con decir que la yihad islamista es su opuesto, sino ver en positivo la triple herencia que se ha recibido de las ideas de la ilustración, de las instituciones greco-romanas y de la civilización judeocristiana, hoy todo el conjunto cuestionado, dentro y fuera de los países herederos de ese pensamiento.

La OTAN es un caso en cuestión del tipo de decisiones que hoy se demanda de EE. UU. ya que indudablemente, los países europeos, Japón y Australia seguirán sin dudarlo su liderazgo. ¿Es todavía una alianza predominante militar o lo es político-militar? Nació para confrontar a la exURSS, pero no hay duda de que pudiendo haber desaparecido se ha reinventado con nuevas incorporaciones y en la defensa de Ucrania. ¿Existe hoy para confrontar a la alianza ruso-china o para la defensa militar de la idea de Occidente? ¿O simplemente sigue siendo una alianza militar, pero por la falta de un equivalente como lo fuera el Pacto de Varsovia, debe ser leída hoy también en clave política? Lo que plantea el problema que, sin duda, algunos de sus integrantes como Hungría, Turquía o Francia no irían a las mismas guerras, olvidando que estas son la continuación de la politica por otros medios.

La misma globalización vive una nueva etapa con el retorno de la geopolítica al mismo nivel de la economía, con el fantasma del proteccionismo haciéndose presente. ¿Qué tipo de liderazgo ofrece EE. UU. en estas circunstancias? Y la respuesta, por tentativa que sea, abre el camino a nuevos conflictos, más propios del siglo XXI que del anterior, conflictos que pueden definir por si solos las alianzas futuras de EE. UU. como potencia, donde la fortaleza económica de China abre la posibilidad de disputas que simplemente no tuvieron lugar en el pasado, ya que la ex URSS nunca se integró del todo al sistema de comercio post segunda guerra mundial, siendo a diferencia de la China actual, un actor siempre secundario.

El desafío para EE. UU. es mayúsculo ya que la alianza ruso-china quiere plantear un escenario que podría traer consigo el fin del comercio internacional basado en reglas, para dar paso a definiciones geopolíticas y de seguridad nacional, donde consideraciones de poder pueden ser cada vez más relevantes.

¿Y el mundo subdesarrollado? Cada vez más irrelevante, tanto en lo económico como en lo tecnológico o lo político, como si la historia le pasara por el lado, siendo un ejemplo de ello, América Latina, donde no se nota presencia alguna de esa región en la actual campaña electoral, al contrario de lo que esta ocurriendo con la votación de los latinos, hoy la primera minoría en EE. UU., una que va a seguir creciendo en número, consecuencia de la migración.

Fuente: telam

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