19/06/2026
La trama secreta del sabotaje al gasoducto Nord Stream, una historia de espías, mentiras y geopolítica
Fuente: telam
En 'La conspiración de Nord Stream', el periodista de investigación Bojan Pancevski revela detalles desconocidos del atentado de 2022 que ambientó el primer tramo de la guerra entre Rusia y Ucrania
La mayoría de la gente recuerda el sabotaje de 2022 al gasoducto Nord Stream, si es que lo recuerda, por una imagen impactante: un amplio géiser de espuma sobre la superficie azul del mar Báltico. Esa fue la primera señal visual de que alguien había colocado explosivos en el par de gasoductos submarinos de 1.220 kilómetros �los más largos del mundo�, destruyendo tres de sus conductos y enviando gas presurizado por valor de dos mil millones de dólares hacia la superficie. Se lo ha llamado el mayor acto de sabotaje de los tiempos modernos.
Con una sola explosión, los ataques alteraron la dependencia energética de Alemania respecto de Rusia, de donde provenía el gas, y desataron un intenso debate de años sobre quién era el responsable. Un debate que al principio nadie parecía querer resolver, porque adjudicar la culpa a cualquiera de los tres posibles saboteadores �Rusia, Estados Unidos o Ucrania� tendría consecuencias políticas incómodas.
Actualmente casi no hay dudas sobre quién lo hizo, aunque las teorías conspirativas persisten en los márgenes. Todo indica que funcionarios de inteligencia ucranianos idearon el plan y lo ejecutaron con un velero de un solo mástil y una tripulación mínima de marineros y buzos patriotas, uno de los cuales tenía Covid cuando descendió 80 metros en aguas heladas y oscuras para colocar los explosivos. El motivo tampoco es un misterio: buscaban impedir que Alemania alimentara la maquinaria de guerra rusa con miles de millones de dólares anuales en pagos de gas.
Todos estos detalles han salido a la luz �a pesar de las reiteradas negativas del gobierno ucraniano� en parte gracias a una investigación minuciosa y persistente de la policía alemana, y en parte gracias a periodistas muy tenaces. Bojan Pancevski, corresponsal de The Wall Street Journal que habla ruso, pasó años desentrañando el complot. Su libro, The Nord Stream Conspiracy. The inside story of the explosions that shook the world (La conspiración de Nord Stream. La historia interna de las explosiones que sacudieron al mundo), representa un logro excepcional del periodismo de investigación, fundamentado en su acceso directo a altos mandos de inteligencia ucranianos que aseguran haber ideado el plan y a los funcionarios policiales alemanes que finalmente los localizaron.
The Nord Stream Conspiracy es una historia compleja, un procedimiento policial enmarcado en intereses políticos y económicos entrelazados de formas extrañas y contradictorias. Los saboteadores infligieron un daño económico enorme a Alemania al inutilizar su principal fuente de energía para calefacción e industria. Sin embargo, Alemania es también uno de los mayores apoyos a la independencia ucraniana, y algunos funcionarios alemanes admitieron en privado que la destrucción del gasoducto fue una bendición disfrazada. Los líderes de otros gobiernos, en especial de Polonia, desde el inicio manifestaron abiertamente que los autores del sabotaje merecían recompensas, no condenas.
Según el relato de Pancevski, el ataque al gasoducto ejemplifica la cultura de innovación y osadía de Ucrania, en un gobierno dirigido por "bandas y clanes dentro de ministerios, el ejército y los servicios de inteligencia, cada uno como un mini-estado dentro del estado". Pancevski vincula estos patrones de conducta indisciplinada a los cosacos que recorrían las estepas ucranianas siglos atrás, y observa que la famosa corrupción del país está relacionada con la astucia emprendedora que ha facilitado su defensa. La rebeldía, con sus aspectos positivos y negativos, se ha vuelto parte de la identidad ucraniana.
Los dos oficiales superiores que lideraron el complot contra el Nord Stream eran tan independientes que ya habían sido destituidos por insubordinación cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala en febrero de 2022. Ayudaron a defender Kiev junto con soldados de infantería y, tras su reincorporación, concibieron el plan para destruir el gasoducto. Aunque Volodymyr Zelensky siempre ha sostenido que desconocía el asunto, ellos afirman que inicialmente lo consultaron con sus superiores, quienes posteriormente se arrepintieron.
Otro tema relevante en la investigación de Pancevski es la evolución del servicio de inteligencia ucraniano hasta convertirse en un instrumento de primer nivel mundial. Hasta 2014, ese organismo, conocido como SBU, no era completamente independiente de Rusia; muchos oficiales recibían órdenes desde Moscú. La "Revolución de la Dignidad" de ese año, que protestó contra el sometimiento del gobierno al Kremlin, impulsó un nuevo espíritu de orgullo nacional, y el SBU emergió como un grupo de patriotas con una capacidad sin igual para penetrar Rusia. La CIA tomó nota y envió a sus oficiales para enseñar y aprender. Los ucranianos combinaron "las mejores prácticas de dos sistemas y culturas de inteligencia opuestos, la estadounidense y la postsoviética", escribe Pancevski, "configurando una nueva cultura híbrida de espionaje".
La única crítica significativa al libro de Pancevski es su estilo, que podría llamarse de superproducción: muchos párrafos de una sola frase, claramente pensados para impresionar, y un estilo reducido que a veces prescinde de verbos. Su insistencia en identificar a los protagonistas por alias �el Hombre de Hielo, el Cura, el Coronel� es comprensible por las actuales cuestiones legales. Pero en ocasiones se percibe demasiado entusiasmo del autor por acercar su historia a Hollywood.
Aun así, "The Nord Stream Conspiracy" es un libro notable, y cabe esperar que contribuya a restituir el reconocimiento a los saboteadores. Tras descubrirse el complot, la mayoría fue despedida, degradada o incluso encarcelada, en una previsible oleada de autodefensa institucional. Pero, según dijo a Pancevski un veterano de la inteligencia ucraniana, estas personas son héroes y, al final, "recibirán todas las medallas que merecen".
Fuente: The New York Times
Fuente: telam