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SOCIEDAD

30/07/2026

A 200 años del combate naval de Quilmes: dos buques contra toda una escuadra y la lucha que fortaleció la figura del Almirante Brown

A 200 años del combate naval de Quilmes: dos buques contra toda una escuadra y la lucha que fortaleció la figura del Almirante Brown

Fuente: Netfan Servicios

El recuerdo de un salvaje y desigual enfrentamiento contra el Imperio del Brasil que tuvo como escenario al frente costero de la actual ciudad bonaerense. Una lucha en la que quedó demostrada la valentía, la tenacidad y el heroísmo del Gran Almirante Guillermo Brown, de sus capitanes Tomás Espora y Leonardo Rosales y de aquellos oficiales y marineros que supieron estar a la altura de las circunstancias

Entre 1825 y 1828 las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil se enfrentaron en una guerra en torno a la larga controversia por la posesión de la Banda Oriental y el predominio en el espacio rioplatense, la cual se remontaba a los comienzos mismos del asentamiento de España y Portugal en América del Sur, allá por los inicios del siglo XVI.

Para los portugueses, instalados en Brasil desde 1500, era fundamental controlar la Cuenca del Plata para fortalecer las comunicaciones internas del Brasil; alcanzar el Alto Perú y sus yacimientos de metales preciosos y llegar el océano Pacífico: para ello, era necesario ocupar el estratégico territorio de la Banda Oriental, guardián y custodio del Río de la Plata.

La controversia hispano-portuguesa se intensificó durante los siglos XVII y XVIII con los avances portugueses sobre las fronteras españolas del Plata. La creación del Virreinato del Río de la Plata (1777) permitió a España la defensa integral de la región rioplatense y del Atlántico Sur frente al avance de Portugal y del Reino Unido y contribuyó a fijar los límites hispano-portugueses.

Entre 1808 y 1821 la monarquía portuguesa residió en Río de Janeiro por la invasión napoleónica a Portugal (1807). Desde el Brasil, los portugueses renovaron su histórica y persistente política expansionista, aprovechando la inestabilidad de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Entre 1811 y 1812 ocuparon la Banda Oriental para apoyar al Gobierno español de Montevideo contra los revolucionarios de Buenos Aires.

Durante la guerra civil entre Buenos Aires y los caudillos federales del litoral (1815-1821), los portugueses invadieron la Banda Oriental (1816), tomaron Montevideo (1817) y transformaron aquel territorio en la Provincia Cisplatina (1821). El 7 de septiembre de 1822 Brasil se independizó de Portugal y mantuvo la ocupación de la Provincia Cisplatina y la política de expansión sobre el Plata.

Un grupo de 33 patriotas orientales que buscaba liberar su territorio se organizó en las Provincias Unidas del Río de la Plata con apoyo del Gobierno. El 19 de abril de 1825 desembarcaron en la playa de la Agraciada, en territorio oriental, e iniciaron la heroica Gesta Libertadora de los 33 Orientales.

El 25 de agosto de 1825 los orientales aprobaron las Leyes Fundamentales de Independencia respecto a Portugal y Brasil y de Unión a las Provincias Unidas del Río de la Plata, y afirmaron esas decisiones en el campo de batalla al derrotar a los brasileños en los combates de Rincón (24 de septiembre de 1825) y Sarandí (12 de octubre de 1825). Las Provincias Unidas incorporaron la Provincia Oriental el 25 de octubre de 1825.

El 10 de diciembre de 1825 el emperador del Brasil Pedro I declaró la guerra a las Provincias Unidas del Río de la Plata y el 21 de diciembre se impuso el bloqueo naval sobre puertos y costas del Plata. El 1 de enero de 1826 nuestro Gobierno declaró la guerra al Imperio.

El teatro de operaciones tuvo una fuerte dimensión naval, ya que el centro de la disputa era la Banda Oriental, un territorio clave para controlar el extenso y estratégico espacio rioplatense, rodeado por importantes ríos y adyacente al Atlántico Sur.

El Imperio del Brasil era potencia naval en Sudamérica. Su flota era poderosa y bien artillada y se componía de unos 80 buques de distinto tipo. La Marina imperial poseía una sólida y ordenada administración, diversas dependencias navales, arsenales, astilleros, una academia para formar oficiales y un cuerpo de infantería de marina. Sus bases en el Plata eran el Apostadero de Montevideo, Colonia del Sacramento y las islas de Martín García y Gorriti.

Por su parte, las Provincias Unidas del Río de la Plata eran incapaces de enfrentar de igual a igual a la poderosa Marina imperial, ya que prácticamente se carecía de Marina de Guerra. Nuestro Gobierno debió formar un poder naval prácticamente desde la nada, y desplegó un gran esfuerzo económico y político para organizar una nueva escuadra, la cual, al comenzar la guerra a principios de 1826, la integraban la fragata "25 de Mayo"; las goletas "Río de la Plata", "Sarandí" y "Pepa"; los bergantines "República", "Congreso", "Independencia", "General Balcarce" y" "General Belgrano" y 12 cañoneras.

Para comandar nuestra flamante fuerza naval, se designó una vez más a Guillermo Brown, nacido el 22 de junio de 1777 en Foxford (Irlanda), quien se hallaba instalado con su familia en Buenos Aires y que comerciaba en el Plata desde antes de la Revolución de Mayo. Era un marino experimentado y prestigioso. Había dirigido nuestra escuadra durante la decisiva campaña naval contra los realistas de Montevideo (1814) y comandó un crucero de corso contra los españoles en el Pacífico (1815-1816). Entre enero y julio de 1826 izó su insignia en la fragata "25 de Mayo".

La estrategia de Brown consistió en alejar lo más posible de nuestras costas a la línea de bloqueo; asegurar las comunicaciones navales para apoyar las operaciones del Ejército Republicano en la Banda Oriental y hostilizar el comercio brasileño con una intensa guerra de corso e incursiones costeras.

Durante los primeros meses de la guerra, las acciones navales se concentraron en el Río de la Plata, cuya peligrosa y compleja navegación se convirtió en un auténtico desafío para todos los marinos rioplatenses e imperiales, incluso para el mismísimo y experimentado Guillermo Brown, debido a los numerosos bancos de arena y a los traicioneros fondos que hacían encallar con frecuencia a los buques.

En el primer semestre de 1826 se libraron los combates Punta Colares (9 de febrero), Banco Ortiz (2 de mayo), Balizas Exteriores (23 de mayo) y Rada Exterior (25 de mayo), y también se produjeron dos fallidos ataques para ocupar Colonia del Sacramento (26 de febrero y el 1 de marzo) e incursiones sobre Montevideo para capturar buques de guerra brasileños. En el combate de Los Pozos (11 de junio) se logró rechazar a una importante y poderosa fuerza naval imperial frente a la mismísima ciudad de Buenos Aires.

Aquellas acciones, pese a las pérdidas humanas y materiales y a sus escasos resultados, le permitieron a Guillermo Brown, con una reducida pero activa y movediza escuadra, desafiar, sorprender, molestar y desgastar a la poderosa escuadra imperial brasileña y alterar su dispositivo de bloqueo. Por otra parte, allí también se apreció lo que sería una constante en la guerra: la escuadra de Brown enfrentando al enemigo en inferioridad numérica y de poder combativo.

La victoria de Brown en Los Pozos fortaleció la moral y el espíritu combativo de nuestra pequeña escuadra, que permaneció fondeada, inactiva pero vigilante, en su tradicional fondeadero de Los Pozos; por su parte, la escuadra imperial del capitán James Norton mantuvo el bloqueo sobre la ciudad de Buenos Aires y las costas del Río de la Plata.

En la mañana del 29 de julio de 1826, la escuadra brasileña volvió a hacerse ver desde la capital porteña. El capitán Norton buscaba provocar y desafiar a la escuadra de Brown para forzarla a abandonar su fondeadero e incitarla a combatir, luego de más de un mes de inactividad para ambas fuerzas navales. La escuadra imperial se componía de 20 buques: fragata "Nichteroy" (insignia de Norton); corbetas "Liberal", "María da Gloria", "Maceió" e "Itaparica"; bergantines "Caboclo", "Pirajá", "29 de Agosto" e "Independencia o Muerte"; goletas "Real Joao", "Leal Paulistana", "Doña Paula", "Concepción", "9 de Enero", "12 de Octubre" y "7 de Marzo" y cuatro cañoneras. Sumaba 2000 hombres y 300 cañones. En su fondeadero cercano a las costas de Quilmes, adoptó una formación de línea de fila en espera de los acontecimientos.

El capitán de navío James Norton era un jefe prestigioso, experimentado, valiente y de fuerte personalidad, nacido el 9 de junio de 1789 en Nottingham (Reino Unido). Fue oficial de la Royal Navy y capitán mercante de la Compañía Británica de las Indias Orientales. En 1823 se incorporó a la Marina del Imperio del Brasil y luchó contra los portugueses para afianzar la independencia brasileña. Intervino activamente en la guerra contra nuestro país: defendió frente a Montevideo a su fragata "Nichteroy" del ataque de Brown; estuvo a cargo de las principales acciones de bloqueo y luchó en los combates de Banco Ortiz, Balizas Exteriores, Rada Exterior y Los Pozos contra la escuadra de Guillermo Brown, de quien se convirtió en una suerte de adversario personal durante las acciones que se libraron en el Plata entre enero y julio de 1826.

Uno de los destacados jefes brasileños presentes en Quilmes, fue el capitán de fragata John Pascoe Grenfell. Nacido en el Reino Unido en 1800, se había incorporado a los 11 años a la Compañía Británica de las Indias Orientales. Entre 1819 y 1820 integró la Marina de Guerra de Chile durante la guerra de independencia hispanoamericana y recibió del General San Martín la condecoración con el lema "Yo fui de la Escuadra Libertadora". Luego se incorporó a la Marina de Guerra del Imperio del Brasil y contribuyó a consolidar la independencia brasileña en la lucha contra Portugal. Entre 1825 y 1828 intervino en la guerra contra las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Alertado por la aparición de la fuerza naval brasileña, Guillermo Brown alistó de inmediato su escuadra: fragata "25 de Mayo" (insignia); bergantines "República", "Congreso", "Independencia" y "General Balcarce"; goletas "Río de la Plata", "Sarandí" y "Pepa"; corsario "Oriental Argentino" y ocho cañoneras. Entre los capitanes de Brown, se destacaban los porteños Tomás Espora y Leonardo Rosales, quienes lucharon codo a codo en numerosos combates y fueron considerados los subordinados predilectos del Gran Almirante irlandés.

Tomás Espora nació el 19 de septiembre de 1800. Durante la guerra de independencia hispanoamericana participó en importantes campañas de corso: la del Pacífico que dirigió Guillermo Brown (1815-1816) y con la fragata "La Argentina" al mando de Hipólito Bouchard (1817-1819). Integró la Escuadra Libertadora y recibió del General San Martín la medalla con el lema "Yo fui de la Escuadra Libertadora". Prestó servicios navales hasta que finalizó el conflicto independentista. Durante la guerra contra el Imperio del Brasil fue comandante de la fragata "25 de Mayo" y se halló en los combates de Punta Colares, Banco Ortiz y Los Pozos; en los dos ataques a Colonia del Sacramento y en acciones sobre Montevideo para capturar buques de guerra brasileños.

Leonardo Rosales nació el 5 de noviembre de 1792. A las órdenes de Guillermo Brown, participó en la campaña naval de 1814 contra los realistas de Montevideo y se halló en los combates de Arroyo de la China y de Montevideo. Sirvió a la Marina de Buenos Aires durante las guerras civiles del litoral (1815-1821) y se destacó en el combate naval de Colastiné (1821). Durante la guerra contra el Imperio de Brasil, luchó en los combates de Punta Colares y Los Pozos y en los ataques a Colonia del Sacramento.

El 29 de julio Brown, con sus comandantes y oficiales, planificó a bordo de la fragata "25 de Mayo" una audaz operación a realizar ese mismo día, la cual se inspiraba en las tácticas del célebre almirante británico Horacio Nelson en sus batallas navales de fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, como Aboukir y Trafalgar.

El plan de Brown consistía en atacar de noche por sorpresa a la escuadra brasileña; romper su formación cortando su vanguardia para aislarla de los buques de retaguardia; atacar en detalle para destruir o averiar algunas unidades y provocar confusión general entre las naves imperiales. De esa manera, con una rápida y fugaz operación nocturna de golpear y desaparecer, Brown buscaba alterar el dispositivo de bloqueo y desgastar y alejar a la poderosa escuadra del capitán Norton de las costas más cercanas a nuestra capital.

El ataque nocturno del 29 de julio de 1826 se realizó próximo a las costas de Quilmes. La oscuridad era densa y profunda. A las 21.30 hs. la escuadra de Brown se encontró con la goleta "Doña Paula", a la que atacó provocándole daños en su arboladura.

Hacia las 22.00 hs. nuestra escuadra, encabezada por la fragata "25 de Mayo" con Brown a bordo, navegando en línea de fila, recorrió la formación brasileña, intercambiando ambas formaciones un fuerte cañoneo. A 22.30 hs. la "25 de Mayo" se abrió paso a cañonazos entre los buques brasileños y cortó y atravesó la línea enemiga, acompañada solamente por la pequeña goleta "Río de la Plata" del capitán Leonardo Rosales, pues algunos buques quedaron atrasados por ser demasiado lentos y otros se alejaron por falta de confianza de sus comandantes.

Con ambas líneas desordenadas, la fragata "25 de Mayo" y la goleta "Río de la Plata" quedaron solas y aisladas, rodeadas por la fragata "Nichteroy" y las demás naves. Nuestros dos buques se enfrentaron prácticamente con toda la escuadra imperial en un duelo desigual, con intenso fuego de artillería y metralla, donde el valor y la tenacidad de Brown y sus marinos compensaron la marcada superioridad de la escuadra imperial del bravo capitán Norton.

Luego de una férrea y heroica resistencia, hacia las 23.30 hs. Brown aprovechó la densa oscuridad y la desorganización de la escuadra enemiga para salir de aquel cerco de fuego y poner, a duras penas, a salvo a la fragata "25 de Mayo" y a la goleta "Río de la Plata", que finalmente lograron reunirse al resto de la escuadra, luego de haber provocado desorden y confusión en la formación de su poderoso adversario. El capitán del Puerto de Buenos Aires coronel de marina Francisco Lynch anotó en su diario que "a las diez y media se rompió el fuego, sin saberse el resultado, el que paró a las once y media".

Guillermo Brown relató la dura jornada del 29 de julio: "resolví atacar y arrojar a los brasileños de su posición. La escuadra, al anochecer, salió de Los Pozos. A las 9 ½ la 25 de Mayo se vino sobre la línea brasileña, y pasó a su lado disparando dos andanadas y desmantelando una goleta. La 25 de Mayo tuvo que soportar un vivo fuego sin experimentar ninguna avería. Esperé en vano a los otros buques y tuve la desgracia de no ser sostenido por ellos. La goleta Río, capitán Rosales, fue la única que siguió a la 25 de Mayo. Según dijo uno de los mejores oficiales brasileños, si Brown hubiese sido apoyado por sus propios buques, una tercera parte de la escuadra del Brasil habría sido tomada o destruida".

Según un historiador brasileño, "la 25 de Mayo fue seguida únicamente por la goleta Río de la Plata, comandada por Leonardo Rosales, uno de los más valientes oficiales argentinos. En su arriesgada maniobra, que podría haberle sido fatal en aquella noche, Brown pudo escapar a pesar de los fuegos del bergantín Caboclo y de otros buques. Norton comprendió que no era prudente perseguir al enemigo, pues con la oscuridad de la noche era fácil la confusión y difícil reconocer con precisión a los buques enemigos".

Luego del enfrentamiento del 29 de julio, Brown manifestó su descontento a los comandantes que no lo acompañaron, dio nuevas instrucciones, reorganizó sus fuerzas y se preparó para renovar el combate en la mañana del día siguiente.

Brown buscó aplicar prácticamente el mismo plan que el día anterior, aunque para su nuevo ataque apuntaría esta vez a romper la retaguardia de la línea brasileña. El enfrentamiento se iba a producir frente a las costas de Quilmes. Antes de iniciar la operación, Brown transmitió a su escuadra una de sus famosas arengas: "Es preferible irse a pique que rendir el pabellón".

Al amanecer del 30 de julio de 1826, la escuadra de Brown atacó a la poderosa fuerza naval imperial, que había sido reforzada. Como sucedió en la jornada anterior, la fragata "25 de Mayo" solamente estuvo acompañada y respaldada por la pequeña goleta "Río de la Plata" del capitán Leonardo Rosales, la cual poseía apenas un sólo cañón. Algunos buques se retiraron hacia Punta Lara por vacilación de sus comandantes, en tanto otros quedaron aislados por ser muy lentos y regresaron a Los Pozos.

La "25 de Mayo" y la "Río de la Plata" rompieron la retaguardia brasileña, atravesaron su línea y quedaron rodeadas por toda la escuadra imperial, gracias a una oportuna y hábil maniobra del capitán Norton, que puso a aquellas naves entre dos fuegos. Durante tres horas consecutivas, ambos buques fueron sometidos a un permanente y tremendo fuego artillero que provocó numerosas bajas y grandes destrozos, especialmente en la fragata de Brown, contra la cual se concentraron los disparos del enemigo.

La fragata "Nichteroy" de Norton; las corbetas "Liberal", "María da Gloria" e "Itaparica"; los bergantines "Caboclo" y "29 de Agosto"; la goleta "Leal Paulistana" y los demás buques, aún en desorden, se turnaban para castigar, batir y arrasar desde todas direcciones a nuestra fragata, apenas protegida por la diminuta goleta de Rosales. Nuestros dos buques lucharon y resistieron contra unas 23 naves imperiales. Los brasileños evitaron tomar al abordaje a la "25 de Mayo" porque temían que Brown la hiciera explotar para que no cayera en poder del enemigo.

El almirante Brown recordó que "la 25 de Mayo, dejada así sola, fue rodeada por toda la fuerza del enemigo, que parecía exclusivamente empeñada en destruir el buque. Por tres horas sufrió el fuego que le hacían por todos lados". Según comentarios brasileños, "se vio a la 25 de Mayo rudamente acosada por el fuego de la Nichteroy y del Caboclo, a pesar de su defensa heroica, y aturdida por el fuego intentó huir". Durante el combate, algunos buques imperiales tuvieron dificultades por su excesivo calado, el riesgo de encallar, su escasa velocidad y deficiencias en la maniobra.

Como detalle de color, cabe mencionar que a bordo de la "Nichteroy" se hallaba Elisa Bland, la esposa del capitán James Norton, llegada de Montevideo a visitar a su marido, quien se convirtió en inesperada y ocasional testigo del combate.

En pleno combate, mientras Tomás Espora (comandante de la "25 de Mayo") dirigía la lucha, una bala arrancó de su mano la bocina de órdenes, felizmente sin gravedad, y, sin sobresaltarse, pidió una nueva y continuó dando órdenes. En el caso de la "Río de la Plata", tal fue el valor del capitán Rosales y de sus oficiales y tripulación, que Brown exclamó: "¡Aquel muchacho sabe pelear con su gaviota!".

La fragata "25 de Mayo" quedó con la proa devastada y la popa destruida, además de tener averiado su timón, desmontada prácticamente toda su artillería, derrumbada buena parte de su arboladura y destrozado el velamen. Los muertos y heridos a bordo eran numerosos: Guillermo Brown recibió una herida de astilla en el rosto y el capitán Tomás Espora heridas en una mano y en una pierna. Las crónicas recuerdan que la sangre corría por los imbornales o desagües del buque. Guillermo Finney, marinero británico de la "25 de Mayo" y testigo del combate, recordó: "Nuestras cubiertas parecían un matadero; con dolor y pena peleábamos. La sangre caía por los imbornales de babor convertida en un torrente". Para evitar una matanza mayor, Brown envió a la tripulación a refugiarse en el entrepuente de la fragata.

La "25 de Mayo", con su castigado casco acribillado a balazos y herida de muerte, apenas flotaba y su fin era inminente; según Brown, era ya "un despojo ingobernable". Fue en esa oportunidad que se le acercó el bergantín "Caboclo", cuyo comandante, el capitán de fragata John Pascoe Grenfell ("uno de los mejores oficiales al servicio brasilero", según Brown), para evitar continuar con una matanza inútil, solicitó a Brown que se rindiera, invitándolo a tomar el té en la cámara de su buque. Pero Brown se negó, continuó resistiendo y una andanada de metralla contra el "Caboclo" destrozó el brazo derecho del capitán Grenfell y tuvo que serle amputado.

Hacia las 9.30 hs., los demás buques de nuestra escuadra se presentaron en el combate para auxiliar a la "25 de Mayo". La caótica e insostenible situación a bordo, obligó a Brown, hacia las 10.30 hs., a trasladar su insignia al bergantín "República", lo que hizo en un maltrecho bote en medio del fuego enemigo. Cuando Brown pisó la cubierta del buque, fue recibido por su comandante, quien escuchó el célebre reproche del almirante, coronado por otra de sus famosas frases: "Señor Clark, siento tanto verlo con nuestro uniforme como al frente de este buque. Salga usted de mi presencia porque no reconozco más valientes que Brown, Espora y Rosales".

Desde su nuevo buque, Brown continuó la intensa lucha. Sostenida por unas cañoneras, la goleta "Río de la Plata" del capitán Rosales también siguió combatiendo con su único cañón: incluso, cuando quedó sin municiones, un grupo de marineros improvisó y fabricó otras de manera artesanal.

A bordo de la "25 de Mayo", Tomás Espora, malherido, daba órdenes desde una improvisada camilla en la cubierta principal a los pocos tripulantes en condiciones de combatir. Fue apoyada por el bergantín "República" y por ocho cañoneras. Remolcada por dos cañoneras y escoltada por la goleta "Sarandí", la castigada fragata fue retirada lentamente rumbo al fondeadero de Los Pozos, acompañada por los demás buques de nuestra escuadra. Durante esa maniobra, la goleta "Río de la Plata" se cañoneó duramente con la corbeta "Liberal" y el bergantín "29 de Agosto".

Poco después de las 13.00 hs. tronó el último cañonazo. Como la fuerza naval brasileña estaba escasa de municiones, no poseía buenos prácticos y podía encallar por la inminente bajante de las aguas, el capitán Norton no persiguió a su bravo adversario y se retiró del lugar de tan tremendo enfrentamiento: en su retirada, la fragata "Nichteroy", la corbeta "Itaparica" y el bergantín "Caboclo" presentaban sendas averías en su arboladura.

El cortejo fúnebre que representaba nuestra escuadra fondeó finalmente en Los Pozos en la tarde de aquel 30 de julio de 1826. La fragata "25 de Mayo" quedó tan destrozada que fue imposible repararla, por lo que quedó fondeada en Los Pozos hasta fines de 1827, cuando se hundió a causa de fuertes bajantes de las aguas y de violentos temporales. La histórica nave terminó dignamente su vida marinera tras varios y heroicos combates y sin poder ser derrotada o capturada por el enemigo. En 1933, una draga del Ministerio de Obras Públicas que realizaba trabajos en Puerto Nuevo extrajo del fondo del río maderas, balas, cañones, anclas, cadenas y clavos que se comprobó pertenecían a la gloriosa fragata "25 de Mayo"; dichas reliquias se conservan hoy en el Museo Naval de la Nación, ubicado en Tigre.

En su parte sobre el combate, al ministro de Guerra y Marina, Guillermo Brown señaló: "Hemos buscado, alcanzado, batido, pero no rendido a los buques enemigos. Los de la nación están libres. Me es sensible asegurar que son muchos los muertos y heridos, y entre los últimos mi bravo capitán Espora. La 25 de Mayo está completamente destrozada". En su respuesta, el ministro expresó que "el Gobierno está satisfecho de la honorable conducta de la escuadra que, en los combates del 29 y 30, hizo pagar la audacia de los enemigos, arrojándolos de una posición que la bizarría de nuestros marinos no les permite conservar".

Sobre los jefes navales de aquellas jornadas, Guillermo Brown tuvo una notable actuación en el resto de la guerra contra el Imperio del Brasil, comandó la escuadra de la Confederación Argentina durante los complejos conflictos en el Río de la Plata (1839-1851), se retiró del servicio naval en 1845 y falleció en su histórica Casa Amarilla el 3 de marzo de 1857.

Espora continuó luchando en la guerra contra el Imperio del Brasil, destacándose como corsario y en diversos combates. Luego del conflicto, fue comandante general de marina y capitán del Puerto de Buenos Aires. El coronel de marina Tomás Espora falleció el 25 de julio de 1835 en la ciudad de Buenos Aires, en su casa de la actual avenida Caseros 2526, conservada como monumento histórico.

Rosales siguió participando en la guerra contra el Imperio. Por su oposición al régimen de Juan Manuel de Rosas, se instaló en Carmelo, República Oriental del Uruguay, donde pasó el resto de su vida atendiendo una pulpería. Falleció el 20 de mayo de 1836. Sus restos fueron repatriados en 1996 y hoy se conservan en la iglesia de María Auxiliadora de la ciudad de Punta Alta.

James Norton siguió luchando durante la guerra contra nuestro país, fue inspector del Arsenal de Marina de Río de Janeiro (1831-1834), cumplió una misión a Nueva Zelanda (1834-1835) y falleció el 29 de agosto de 1835.

John Pascoe Grenfell luchó contra la Revolución de los Farrapos (1835-1845). Fue jefe de la escuadra brasileña en Montevideo (1841-1846) y cónsul del Imperio del Brasil en el Reino Unido (1846-1848). Como jefe de la escuadra brasileña en el Río de la Plata, participó en la guerra contra el régimen del Juan Manuel de Rosas (1851-1852), que culminó con la batalla de Caseros, siendo condecorado con la Orden de la Rosa y con la medalla de la Campaña del Río de la Plata.

Finalizada la campaña contra Rosas, Grenfell permaneció unos días en la ciudad de Buenos Aires y aprovechó para visitar al almirante Guillermo Brown, su rival en el combate de Quilmes, en su famosa Casa Amarilla. El prestigioso jefe naval brasileño se presentó allí vestido de uniforme de gala, el cual ostentaba numerosas condecoraciones ganadas a fuerza de coraje. Encontró a nuestro viejo almirante sembrando alfalfa, apoyado en su bastón. A verlo, Grenfell le dijo: "¡Ah! Bravo, amigo, si usted hubiera aceptado las propuestas del emperador Pedro I, cuán distinta sería su suerte, porque a la verdad, las repúblicas son siempre ingratas con sus buenos servidores". Al escuchar esas palabras, Brown respondió: "Señor Grenfell, no me pesa haber sido útil a la patria de mis hijos. Considero superfluos honores y riquezas cuando basta un poco de tierra para descansar de tantas fatigas y dolores".

A mediados de 1852, Grenfell reasumió como cónsul en el Reino Unido. Durante la guerra del Paraguay (1865-1870) se le otorgó el comando de las fuerzas navales aliadas, pero no asumió por problemas de salud. Ascendido a almirante, falleció el 20 de marzo de 1869.

Hace 200 años, el frente costero de la actual ciudad bonaerense de Quilmes fue escenario de un durísimo combate naval de dos días. Allí quedó demostrada la valentía, la tenacidad y el heroísmo del Gran Almirante Guillermo Brown, de sus capitanes Tomás Espora y Leonardo Rosales y de aquellos oficiales y marineros que supieron estar a la altura de las circunstancias, quienes libraron un desigual enfrentamiento contra su poderoso adversario brasileño, que poseía las mismas cualidades de valor y de espíritu caballeresco que sus camaradas de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Fuente: Netfan Servicios