Viernes 9 de Octubre de 2026

Hoy es Viernes 9 de Octubre de 2026 y son las 04:59 - pagina

CULTURA

09/10/2026

Luis Novaresio publica una novela sobre el amor y sus pactos: \

Luis Novaresio publica una novela sobre el amor y sus pactos: \

Fuente: Netfan Servicios

El periodista y escritor, objeto de furia presidencial esta semana, habla de 'La vida que importa', una historia coral que interroga la fidelidad, el deseo y la eutanasia en la Buenos Aires del presente

Es una tarde de lluvia y humedad en Las Cañitas, un barrio porteño que bien podría condensar lo que Luis Novaresio captura en su nueva novela —la Buenos Aires de hoy, la de los encuentros y los dilemas. La vida que importa, su segunda ficción publicada por Planeta, es una novela coral que sigue a un grupo de amigos adultos que se conocen en un curso de filosofía y se ven arrastrados por el deseo, la lealtad, los pactos amorosos y una acusación de homicidio. En diálogo con Infobae Cultura, el periodista y escritor que esta semana lideró el ranking de insultos presidenciales, no elude el tema pero le resta dramatismo a la situación. "Es muy difícil, pero tengo una cierta experiencia... Cuando publiqué mi anterior novela, me pasó exactamente lo mismo. Yo me había ido a Madrid a presentar el libro y el presidente salió a decirme cosas muy feas", cuenta.

La vida que importa retoma y amplía el universo de su antecesora Todo por amor, pero no todo. Aquí su protagonista, Uno, es un hombre de mediana edad envuelto en una relación homosexual triangular y frecuenta un grupo de amigos que asisten a clases de filosofía. La profesora, Berta Orlás, es una catedrática irónica y original que pasa de ser admirada a ser acusada de haber asesinado a su esposo con la llamada "píldora del día final". Alrededor de esa trama de suspenso, Novaresio despliega personajes que el lector reconoce: la ejecutiva que oculta un secreto, la pareja que defiende la familia tradicional mientras mira con curiosidad a los demás, el hombre que asume la paternidad por subrogación. Todos creen conocerse a sí mismos. Todos se equivocan. Con esos materiales, el autor construye una novela que aborda sin esquivos la eutanasia, la fidelidad, el deseo y la amistad adulta.

—Estamos en una semana muy particular. Acabás de sacar un libro, que es un motivo de alegría y orgullo supongo, pero a la vez te toca afrontar una situación pública muy díficil ¿Cómo vivís este momento?

—Yo tengo un viejo lema que aprendí de un maestro que tuve en la ciudad de Rosario, que era Carlos Fechtenbach, mi primer jefe, mi primer editor, mi primer todo. Él me decía siempre esto: "Cuando te discuten un dato, se discute a muerte, no se perdona, si tenés la certeza del dato. Cuando la agresión es a nivel personal, no se contesta." Cosa que hice: no contestar, ni voy a contestar. Sí debo decir que lamento el nivel de violencia en el que estamos inmersos muchos periodistas, pero no tengo nada más para decir de eso.

—La novela se ambienta en el presente y tiene a la ciudad como referencia bien concreta ¿Por qué decidiste que Buenos Aires fuera el escenario central de la novela?

—Fue una decisión deliberada, porque creo que no hay tanta novela urbana contando la Buenos Aires de hoy día. Yo tenía ganas de escribir personajes muy actuales, próximos, personajes que yo conocí. Me parecía que contar ese recorte de las relaciones, de la noche, de los temas que se discuten, podía ser interesante. En esta novela aparece el tema de la eutanasia, que me atrapó gracias a los uruguayos... Uruguay tiene sancionada la ley desde el año pasado y yo seguí con mucha atención el debate parlamentario. Me pareció que era una deuda legislativa argentina. Uno de los personajes, la profesora de filosofía, aparece acusada de haber asesinado a su esposo con la píldora del día final. Para mi sorpresa, descubrí que existe, que es bastante menos difícil de conseguir en Buenos Aires de lo que uno imagina.

—Tenés una elección sexual pública y notoria, y en tus dos novelas el tema está tratado en profundidad. ¿Por qué y de qué manera has decidido abordarlo?

—Me pareció que no hay mucha literatura argentina de ficción sobre historias de amor gay. Y cuando la empecé a escribir, decidí ir a fondo. Me dijeron las editoras: "Epa!" También me parece que en las historias de amor es inevitable. Son historias que cuestionan el amor monogámico, que plantean que el amor no está indisolublemente unido con el deseo físico. Hay escenas que se podían sugerir. Yo no quise sugerirlas, quise escribirlas explícitamente.

—¿Cuánto hay de autoficción en la novela?

—No hay autoficción. Ya sé que me vas a correr con la expresión de Borges, que dice que uno, aun cuando escribe de un caballo, está escribiendo de sí mismo. En todos los personajes hay algo de alguna mirada mía. Yo me hice mucho esfuerzo por escribir personajes distintos, muy distintos, y sin juzgarlos. Ana es un personaje que me gusta muchísimo, pero hace cosas que detesto y decidí escribirlas sin ningún prejuicio. Si me apurás, si me corrés, te digo que Berta Orlás expresa mucho de lo que yo siento. Es la que más cerca mío siento. Y confieso que no soy ni Berta ni profesor de filosofía.

—Como periodista y comunicador, tenés un perfil que definitivamente no es progre, y el mundo de la literatura se suele asociar con eso. ¿Puede haber un prejuicio latente hacia tu obra?

—Creo que el prejuicio está siempre. Mirá, yo me formé en Rosario como abogado porque la carrera de comunicación estaba cerrada. Soy hijo de un metalúrgico y de un ama de casa. El prejuicio estaba. "¿Qué viene a hacer este a un mundo que no le es propio?" Cuando ejercí la profesión, el prejuicio estaba. Después empecé en el periodismo y el prejuicio era: "Este viene de la Facultad de Derecho. ¿Con qué derecho viene a hacerlo?" Después sorteé el prejuicio de escribir: "Pero si viene de la tele, ¿por qué va a escribir?" También por mi orientación sexual. A mí el prejuicio me ha funcionado como un gran anabólico para tratar de derribarlo. El progresismo como etiqueta me dice bastante poco.

—Como observador de la realidad, dentro de diez años, ¿cómo vamos a recordar esta época?

R: La vamos a recordar como una época de oscuridad cultural, de la razón, de la convivencia. Desconozco el resultado de la economía. Es una época de mayor fragmentación, de pocos conformes y de una gran mayoría pasándola muy mal. Pero lo que más me angustia es que la vamos a recordar como una época de un fanatismo y de una intolerancia notable. Esta semana entrevisté a Fernán Quirós y él me dijo que hay que cosificar los temas y personalizar los vínculos: que si hay una discusión sobre algún tema, es un objeto que tiene distintas miradas, pero que el vínculo con quien está pensando diferente hay que hacerlo más humano. Me parece que hoy día estamos personalizando las cosas y cosificando las relaciones.

Fuente: Netfan Servicios