CULTURA
18/10/2026
Adriana Riva: "No existe la madre pura, casta, buena, perfecta; cada uno hace lo que puede"
Fuente: Netfan Servicios
La escritora argentina acaba de publicar "Entre otras", donde indaga sobre la multiplicidad que habita en la maternidad. En diálogo con Infobae Cultura, habla de la relación asimétrica entre madres e hijos: "Hay que andarse con cuidado de ese poder que uno tiene para que sea algo amoroso y no abusivo"
Hace dos años, frente al monitor de su computadora, Adriana Riva recibió una consigna. Desde Traslasierra, en un taller literario vía Zoom, Federico Falco le pedía un trabajo en serie. "Ahora no recuerdo específicamente, pero sí que se basaba en un artista visual que le sacaba fotos cada vez que veía en la vía pública algo amarillo". Cuando terminó la clase, agarró Punto de fuga de David Markson, y encontró ésta frase subrayada: "Joseph Cornell vivió con su madre toda su vida". Entonces se le ocurrió una idea.
"Tal vez podía usar el mismo dispositivo de Markson, pero a madres que yo ya venía acumulando por lecturas", dice. A la clase siguiente del taller llevó cuatro carillas escritas. "Vi que generaba mucho entusiasmo", recuerda. A las pocas horas ya estaba, otra vez, buceando en su biblioteca. "La maternidad es siempre el tema que me está rondando y sobre el que yo escribo", agrega del otro lado del teléfono, en un día de lloviznas y ansiedad, como los que se apilan en las vísperas del Día de la Madre.
Efectivamente, su literatura está completamente atravesada por la maternidad: aparece en algunos de los relatos de su primer libro, Angst (2017), y es central en su novela La sal: "Es una deconstrucción del rol materno", asegura. También aparece en Ahora sabemos esto ("es un poemario donde, con mi madre, leemos en pandemia La Odisea, y a partir de las cosas que vamos charlando surgen todos esos versos"), y en Ruth, su libro anterior, la protagonista es una viuda de 82 años con hijos ya adultos.
En Entre otras la narradora recorre la casa de su madre: la cocina, el baño, la mesa de luz. Busca cosas, hace un inventario, y naufraga en sus libretas: páginas de anotaciones diarias e inservibles, tachaduras, mandados, nombres, horarios, lugares. "Su caligrafía es apurada, calca la urgencia de la vida", escribe. "Estoy escribiendo sobre mi madre y tengo la esperanza de que si junto suficientes notas voy a poder construir una madre". Y más adelante: "Es más fácil reconocer las pertenencias de una madre que a una madre".
Ese plano íntimo y enigmático se superpone con el de las citas, que funcionan como microcuentos de celebridades artísticas. Por ejemplo: "Constantino Cavafis vivió con su madre hasta que ella murió. Roland Barthes vivió con su madre hasta que ella murió. Jorge Luis Borges vivió con su madre hasta que ella murió. Nunca hay suficiente madre". O también: "¡No lo hagas! ¡No puedes! ¡No debes!, le respondió Mary Foley a su hijo Arthur Conan Doyle, cuando le confesó que quería matar a Sherlock Holmes".
"Cuando su hijo David murió a los 13 años, en un accidente, Margaret Ogilvy se metió en la cama y se abrazó a la ropa de bautismo de David. Su otro hijo, James Matthew Barrie, de 6, entró a la habitación en puntas de pie e intentó hacerla reír. Ese es el primer recuerdo del autor de Peter Pan sobre su madre: una sonrisa robada al llanto", leemos, pero también: "Una madre es una complejidad de por vida. La ausencia de una madre, también. ¿Qué no voy a recordar de mi madre cuando ya no esté?"
"Mi madre leyó y le encantó. Es el que más le gustó, porque no es tan afín a la literatura. Se demoró mucho porque iba a buscar cada una de las referencias. Eso le encanta". Adriana Riva es hija pero también madre de tres mujeres. "Me encanta el mundo femenino. Todo ese linaje materno me interesa. Tengo una debilidad por las madres de todo tipo: hay madres muy violentas y dañinas, hay madres muy amorosas, hay madres muy locas, madres depresivas. Hay para todos los gustos", dice y se ríe.
"Siento que es una figura que le pega más a las mujeres, en el sentido de que eventualmente puede reproducir y, si una después se convierte en madre, puede replicar o no a la madre que tuvo. Cosa que un hombre no, porque no puede concebir, no tiene el órgano reproductivo de la mujer. Ahí hay algo que me interesa. Se ve siempre cuando uno charla con amigas o con hermanas o con primas: el miedo a repetir los errores y hasta dónde uno quiere parecerse a la madre que conoció", continúa.
La fascinación de una transformación: "Cuando uno pasa de ser hija a ser madre". Pero además: "Incluso si uno no tiene hijos, también es un vínculo que me parece muy complejo y fundacional. Además, todos tenemos una madre. No hay nadie que no tenga una madre. Aunque esté muerta, aunque no haya estado. Nadie nace de un huevo. Incluso siendo huérfano, uno ha tenido una madre: ha sido gestado nueve meses en un vientre materno. Y sin embargo, es una figura que cae muy rápido en clichés".
"No son lo mismo los padres de ahora que los padres de mitad del siglo pasado o que los padres de fin del siglo XIX. Uno necesita a veces hablar de estereotipos, de generalizaciones, pero siempre hay que poder ver la particularidad de cada uno de estos casos", dice y marca, otra vez, la transformación: "Antes había un corte mucho más grande entre niños y adultos. Los niños por un lado, los adultos por otro. Y hoy esa brecha se achicó. Los padres van con los hijos a recitales o comparten la misma ropa".
"Antes había una cosa más de autoridad, más vertical. Se han modificado muchísimo los vínculos", dice y menciona el feminismo: "Si uno se pone a leer Un cuarto propio de Virginia Woolf, por supuesto que ha habido muchísimos avances, desde el voto, pero siempre queda mucho más por recorrer, por conquistar. Y siempre atento a que hay muchas cosas que se conquistan y después se vuelven a perder. De todos modos, creo que no hay un verdadero retroceso, que siempre se avanza".
"Hoy el patriarcado sigue vigente. Basta con ver sueldos, cupos, cargos. Sin embargo, hay un montón de conquistas. Prefiero ser mujer ahora que en 1810 o 1910. Creo que sí se van corriendo y se van conquistando ciertas batallas que se han dado", comenta y vuelve a subrayar que la riqueza está en "la particularidad de cada caso": "La madre idealizada me parece un delirio. No existe la madre pura, casta, buena, perfecta. Cada uno hace lo que puede, tanto en la maternidad como en los otros aspectos de la vida".
En el mar de citas, escenas y micronarraciones que se despliegan en Entre otras, Riva elige, ahora, eventualmente, una, que es del escritor búlgaro Elías Canetti: "No hay otra forma más intensa de poder". "Me gusta mucho porque señala que siempre hay algo medio asimétrico en esa relación. Hay que ver cómo uno maneja ese poder para que no lastime, o para que no lastime tanto. Es una responsabilidad enorme, porque hay una asimetría al principio. Es un vínculo que se va modificando con el tiempo".
"Cuando uno habla de madre la imagina con hijos pequeños, con niños que no se pueden valer por sí mismo. A diferencia de los animales, los humanos necesitan durante mucho tiempo de alguien que lo cuide. Un bebé no puede sobrevivir solo. Hay que andarse con cuidado de ese poder que uno tiene para que sea algo amoroso y no abusivo. También me conmueven todos los fracasos, porque es difícil. Los hijos siempre van a venir a reclamar algo", dice Riva, y concluye: "Uno siempre equivoca: es parte de la vida".
(Fotos: Alejandra Lopez)
Fuente: Netfan Servicios