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CULTURA

19 de diciembre de 1971

Roberto el Negro Fontanarrosa (Rosario, 26 de noviembre de 1944 –, 19 de julio de 2007), fue un humorista gráfico y escritor argentino.
De mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Yo me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: «Me cagué de risa con tu libro»

 

 

Sí yo sé que ahora hay quienes dicen que fuimos unos hijos de puta por lo que hicimos con el viejo Cassale, yo sé. Nunca falta gente así. Pero ahora es fácil decirlo, ahora es fácil. Pero había que estar esos días en Rosario para entender el fato, mi viejo, que hablar al pedo ahora habla cualquiera.

 

Yo no sé si vos te acordás lo que era Rosario en esos días anteriores al partido. ¡Y qué te digo “esos días”! ¡Desde semanas antes ya se venía hablando, del partido y la ciudad era una caldera, porque eso era lo que era la ciudad! Claro, los que ahora hablan son esos turros que después vos los veías por la calle gritando y saltando como unos desgraciados, festejando en pedo a los gritos y después ahora te salen con que son... ¿qué son?... moralistas... ¿De qué se la tiran, hijos de mil putas? Ahora son todos piolas, es muy fácil hablar. Pero si vos vieras lo que era la ciudad en esos días, hermano, prendías un fósforo y volaba todo a la mierda. No se hablaba de otra cosa en los boliches, en la calle, en cualquier parte. Saltaban chispas, te aseguro. Y la cosa arrancó con el fato de las cábalas. O mejor dicho, de los maleficios.

—Hay que entender que no era un partido cualquiera, hermano, era una final final. Porque si bien era una semifinal, el que ganaba después venía a jugar a Rosario y le rompía el culo a cualquiera. Fuera Central como Ñul, acá le hacía la fiesta a cualquiera. ¡Y cómo estaban los lepra! ¡Eso, eso tendrían que acordarse ahora los que hablan al reverendo pedo y nos vienen a romper las pelotas con el asunto del viejo Casale! ¿No se acuerdan esos turros cómo estaban los lepra? ¿No se acuerdan ahora, mi viejo? Había que aguantarlos porque se corrían una fija, pero una fija se corrían, hermano, que hasta creo que se pensaban que nos iban a llenar la canasta. No que sólo nos iban a hacer la colita sino que además nos iban a meter cinco, en el Monumental y para latelevisión. ¡Pero por qué no se van a la concha de su madre! ¡Qué mierda nos van a hacer cinco esos culosroto! ¡Así se la comieron doblada! ¡Qué pija que tienen desde ese día y no se la pueden sacar!

Pero la verdad, la verdad, hermano, con una mano en el corazón, que tenían un equipazo, pero un equipazo, de padre y señor mío.

Hay que reconocerlo. Porque jugaban que daba gusto, el buen toque y te abrochaban bien abrochado. Estaba Zanabria, el Marito Zanabria; el Mono Obberti ¡Dios querido, el Mono Obberti, qué jugador! Silva el que era de Lanús, el albañil. ¡Montes! Montes de cinco; Santamaría el Cucurucho Santamaría, qué sé yo, era un equipazo, un equipazo hay que reconocer, y la lepra se corría una fija. ¿Sabés cuántos había en la ruta a Buenos Aires, el día del partido? Yo no sé, eran miles, millones, yo no sé de dónde habían salido tantos leprosos. Si son cuatro locos y de golpe, para ese partido, aparecieron como hormigas los desgraciados. Todos fueron. ¡Lo que era esa ruta, papito querido! Entonces, oíme, había que recurrir a cualquier cosa. Hay partidos que no podés perder, tenés que ganar o ganar. No hay tutía. Entonces si a mí me decían que tenía que matar a mi vieja, que había que hacer cagar al presidente Kennedy, me daba lo mismo, hermano. Hay partidos que no se pueden perder. ¿Y qué? ¿Te vas a dejar basurear por estos soretes para que te refrieguen después la bandera por la jeta toda la vida? No, mi viejo. Entonces, ahí, hay que recurrir a cualquier cosa. Es como cuando tenés un pariente enfermo ¿viste? tu vieja, por ejemplo, que por ahí sos capaz hasta de ir a la iglesia ¿viste? Y te digo, yo esa vez no fui a la iglesia, no fui a la iglesia porque te juro que no se me ocurrió, mirá vos, que si no... te aseguro que me confesaba y todo si servía para algo. Pero con los muchachos enganchamos con la cuestión de las brujerías, de la ruda macho, de enterrar un sapo detrás del arco de Fenoy, de tirar sal en la puerta de los jugadores de Ñubel y de todas esas cosas que siempre se habla. Por supuesto que todas las brujas del barrio ya estaban laburando en la cosa y había muñecos con camiseta de Ñubel clavados con alfileres, maldiciones pedidas por teléfono y hasta mi vieja que no manya mucho del asunto tenía un pañuelo atado desde hacía como diez días, de ésos de “Pilato, Pilato, si no gana Central en River no te desato”. Después la vieja decía que habíamos ganado por ella, pobre vieja, si hubiera sabido lo del viejo Casale, pero yo le decía que sí para no desilusionarla a la vieja.

Pero todo el fato de la ruda macho y el sapo de atrás del arco eran, qué sé yo, cosas muy generales, ya había tipos que lo estaban haciendo y además, el partido era en el Monumental y no te vas a meter en la pista olímpica a enterrar un sapo porque vas en cana con treinta cadenas y no te saca ni Dios después, hermano. Entonces, me acuerdo que empezamos con la cosa de las cábalas personales. Porque me acuerdo que estábamos en el boliche de Pedro y veníamos hablando de eso. Entonces, por ejemplo, resolvimos que a Buenos Aires íbamos a ir en el auto del Dani porque era el auto con el que habíamos ido una vez a La Plata en un partido contra Estudiantes y que habíamos ganado dos a cero. Yo iba a llevar, por supuesto, el gorrito que venía llevando a la cancha todos los últimos partidos y no me había fallado nunca el gorrito. A ése lo iba a llevar, era un gorrito milagroso ése.El Coqui iba a ir con el reloj cambiando de lugar, o sea en la muñeca derecha y no en la izquierda, porque en un partido contra no sé quién se lo había cambiado en el medio tiempo porque íbamos perdiendo y con eso empatamos.o sea, todo el mundo repasó todas las cábalas posibles como para ir bien de bien y no dejar ningún detalle suelto. te digo más, estuvimos parados en la tribuna en el partido contra Atlanta para pararnos de la misma manera en el partido contra la lepra el boludo de michi decía que él había estado detrás del Valija y el Miguelito porfiaba que el que había estado detrás del Valija era él. Mirá vos, hasta eso estudiamos antes del partido, para que veas cómo venía la mano en esos días. ¿Y sabés qué te lleva a eso, hermano, sabés qué te lleva a eso? El cagazo, hermano, el cagazo, el cagazo te lleva a hacer cualquier cosa, como lo que hicimos con el viejo Casale.

Porque si llegábamos a perder, mamita querida, nos teníamos que ir de la ciudad, mi viejo, nos teníamos que refugiar en el extranjero, te juro, no podíamos volver nunca más acá. Íbamos a perecer

Esos refugiados camboyanos que se tomaron el piro en una balsa. Te juro que si perdíamos nosotros agarrábamos el “Ciudad de Rosario” y por acá, por el Paraná, nos teníamos que ir todos, millones de canallas, no sé, a Diamante, a Perú, a Cuzco, a la concha de su madre, pero acá no se iba a poder vivir nunca más con la cargada de los leprosos putos, mí viejo. Ya el Miguelito había dicho bien claro que él se la daba, que si perdíamos agarraba un bufo y se volaba la sabiola y te digo que el Miguelito es capaz de eso y mucho más porque es loco el Miguelito, así que había que creerle. O hacerse puto, no sé quién había comentado la posibilidad de hacerse trolo y a otra cosa mariposa, darle a las plumas y salir vestido de loca por Pellegrini y no volver nunca más a la casa. Pero, te digo, nadie quería ni siquiera sentir hablar de esa Posibilidad. Ni se nombraba la palabra “derrota”.

Era como cuando se habla del cáncer, hermano. Vos ves que por ahí te dicen “la papa”, o “tiene otra cosa”, “algo malo”, pero el cangrejo, mi viejo, no te lo nombra nadie. Y ahí fue cuando sale a relucir lo del viejo Casale. El viejo Cassale era el viejo del Cabezón Casale, un pibe que siempre venía al boliche y que durante años vino a la cancha con nosotros pero que ya para ese entonces se había ido a vivir al norte, a Salta creo, lo vi hace poco por acá, que estaba de paso. Y ahí fue que nos acordamos de que un día, en la casa del Cabezón, el viejo había dicho que él nunca, pero nunca, lo había visto perder a Central contra Ñul. Me acuerdo que nos había impresionado porque ese tipo era un privilegiado del destino. Aunque al principio vos te preguntas, “¿Cómo carajo hizo este tipo pata no verlo perder nunca a Central contra Ñul? ¿Qué mierda hizo? Este coso no va nunca a la cancha”. Porque, oíme alguna vez lo tuviste que ver perder, a menos que no vayás a. los clásicos. Y ojo que yo conozco muchos así, que se borran bien borrados de los clásicos. O que van en Arroyito, pero que a la cancha del Parque no van en la puta vida. Y me acuerdo que le preguntarlos eso al viejo y el viejo nos dijo que no, y nos explicó. El iba siempre, un fana de Central que ni te cuento, pero se había dado, qué sé yo, una serie de casualidades que hicieron que en un montón de partidos con Ñul él no pudiera ir por un montón de causas que ni me acuerdo. Que estaba de viaje por Misiones —el viejo era comisionista—; que ese día se había torcido un tobillo y no podía caminar, que estaba engripado, que le dolía un huevo, qué sé yo, en fin, la verdad, hermano— que el viejo la posta posta era que nunca le había tocado ver un partido en que la lepra nos hubiera roto el orto. Era un privilegiado el viejo y además, un talismán, querido, porque así como hay tipos mufa que te hacen perder partidos adonde vayan, hay otros que si vos los llevás es número puesto que tu equipo gana. No es joda. Y el viejo Cassale era uno de éstos, de los ojetudos.

Entonces ahí nos dijimos “Este viejo tiene que estar en el Monumental contra Ñubel. No puede ser de otra forma. Tiene que estar”... Claro, dijimos, seguro que va a estar, si es fana de Central, canalla a muerte. Pero nos agarró como la duda viste? porque nosotros no era que lo veíamos todos los días al viejo, te digo más, desde que el Cabezón se había ido al norte a laburar, al viejo de él no lo habíamos vuelto a ver ni en la cancha, ni en la calle ni en ninguna parte. Además, el viejo ya estaba bastante veterano porque debía tener como ochenta pirulos por ese entonces. Bah, en realidad ochenta no, pero sus sesenta, sesenta y cinco años los tenía por debajo de las patas.

Entonces, con el Valija, el Colorado y el Miguelito decimos “vamos a la casa del viejo a asegurarnos que va y si no va lo llevamos atado”. Porque también podía ser que el viejo no fuera porque no tuviera guita, qué sé yo. Nosotros ya habíamos pensado en hacer una rifa a beneficio, una kermesse, cualquier cosa. El viejo tenía que ir, era una bandera, un cheque al portador.

La cuestión es que vamos a la casa y... ¿a qué no sabés con lo que nos sale el viejo? Que andaba mal del bobo y que el médico le había prohibido terminantemente ir a la cancha, mirá vos. Nos sale con eso. Que no. Que había tenido un infarto en no sé qué partido, en un partido de mierda después que una pelota pegó en un palo, que había estado muerto como media hora y lo habían salvado entre los indios con respiración artificial y masajes en el cuore, que no había clavado la guampa de puro pedo y que le había quedado tal cagazo que no había vuelto a ir a la cancha desde hacía ya, mirá lo que te digo, dos años.

¡Hacía dos años que no iba a la cancha el viejo ese! Y no era sólo que él no quería ir sino que el médico y, por supuesto, la familia, le tenían terminantemente prohibido ir, lógicamente. No sé si no le prohibían incluso escuchar los partidos por radio, no sé si no se lo prohibían, para que no le pateara el bobo, porque parece que el viejo escuchaba un pedo demasiado fuerte y se moría, tan jodido andaba. Vos le hacías ¡Uh! en la cara y el viejo partía. ¡Para qué! Te imaginás nosotros, la desesperación, porque eso era como un presagio, un anuncio del infierno, hermano, era un preanuncio de que nos iban a hacer cagar en Buenos Aires, mi viejo. Entonces empezamos a tratar de hacerle la croqueta al viejo, a convencerlo, a decirle “Pero mire, don Cassale, usted tiene que estar, es una cita de honor. ¡Qué va a estar mal usted del cuore, si se lo ve cero kilómetro! Vamos, don Casale —me acuerdo que lo jodía Miguelito— ¿cuántos polvos se echa por día? usted está hecho un toro”. Pero el viejo, ni mierda, en la suya. Que no y que no.

Le decíamos que el partido iba a ser una joda, que Ñubel tenía un equipo de mierda y que ya a los quince minutos íbamos a estar tres a cero arriba, que el partido era una mera formalidad, que el gobierno ya había decidido que tenía que ganar Central para hacer feliz a mayor cantidad de gente. No sé, no sé la cantidad de boludeces que le dijimos al viejo para convencerlo. Pero el viejo nada, una piedra el hijo de puta. Para colmo ya habían empezado a rondar la mujer del viejo, madre del Cabezón, y una hermana del Cabezón, que querían saber qué carajo queríamos decirle nosotros al vicio en esa reunión, porque medio que ya se sospechaban que nosotros no íbamos para nada bueno. En resumen que el viejo nos dijo que no, que ni loco, que ni siquiera sabía si iba apoder resistir la tensión de saber que se jugaba el partido, aun sin escucharlo. Porque el viejo los diarios los leía, tan boludo no era, y sabía cómo venía la mano, cómo era la cosa, cómo formaban los equipos, suplentes, historial, antecedentes, chaquetillas, color, todo. Nos dijo más. “Ese día —nos dijo— bien temprano, antes de que empiecen a pasar los camiones y los ómnibus con la gente yendo para Buenos Aires, yo me voy a la quinta de un hermano mío que vive en Villa Diego”. No quería escuchar ni los bocinazos el viejo. “Me voy tempranito a lo de mi hermano, que a mi hermano le importa un sorete el fútbol, y me paso el día ahí, sin escuchar radio ni nada”. Porque el viejo decía y tenla razón, que si se quedaba en la casa, por más que se encerrara en un ropero, algo iba a oír, algún grito, algún gol, alguna cosa iba a oír, pobre desgraciado, y se iba a quedar ahí mismo seco en el lugar. Así que se iba a ir a radicar en la quinta de ese hermano que tenía, para borrarse del asunto.

Muy bien, muy bien. Te digo que salimos de allí hechos bosta porque veíamos que la cosa venía muy mal. Casi era ya un dato seguro como para decir que éramos boleta. Para colmo, al Valija, el día anterior le había caído una tía del campo y él se acordaba que, en un partido que perdimos con San Lorenzo, esa misma tía le había venido el día antes. Era un presagio funesto el de la tía.

Fue cuando decidimos lo del secuestro. Nos fuimos al boliche y esa noche lo charlamos muy seriamente. El Dani decía que no, que era una barbaridad, que el viejo se nos iba a morir en el viaje, o en la cancha, y después se iba a armar un quilombo que íbamos a terminar todos en cana y que, además, eso sería casi un asesinato. Pero al Dani mucha bola no le dimos porque ha sido siempre un exagerado y más que un exagerado, medio cagón el Dani. Pero nosotros estábamos bien decididos y más que nada por una cosa que dijo el Valija: el viejo estaba diez puntos. Había tenido un infarto, es cierto. Pero hay miles de tipos que han tenido un infarto y vos los ves caminando tranquilamente por la yeca y sin hacer tanto quilombo como este viejo pelotudo, con eso de meterse adentro de un ropero, o no ir a la cancha, o dejar que te rigoree la familia como la esposa y la otra, la hermana del Cabezón. Por otra parte, y vos lo sabés, los médicos son unos turros pero unos turros que se ve que lo querían hacer durar al viejo mil años para sacarle guita, hacerle experimentos y chuparle la sangre. Y además, como decía el Miguelito y eso era cierto, vos lo veías al viejo y estaba fenómeno. Con casi sesenta afios no te digo que parecía un pendejo pero andaba lo más bien. Caminaba, hablaba, se sentaba, qué sé yo, se movía. ¡Chupaba! Porque a nosotros nos convidó con Cinzano y el viejo se mandó su medidita, no te digo un vasazo pero su medidita se mandó. La cosa es que el Miguelito elaboró una teoría que te digo, aún hoy, no me parece descabellada. ¡El viejo era un curro, hermano! Un turrazo que especulaba con el fato del bobo para pasarla bien y no laburarla nunca más en la vida de Dios. Con el sover del bobo no ponía el lomo, lo atendían a cuerpo de rey y —la tenía a la vieja y a la hermana del Cabezón pendientes de él —viviendo como un bacan, el viejo. Y... ¿de qué se privaba? De algún faso; que no sé si no fasearía escondido; y de no ir a—la cancha. Fijate vos, eso era todo. Y vivía como Carolina de Mónaco el otario. Bueno, con ese argumento y lo que dijo el Colorado se resolvió todo.

El Colorado nos habló de los grandes ideales, de nuestra misión frente a la sociedad, de nuestro deber frente a las generaciones posteriores, los pendejos. Nos dijo que si ese partido se perdía, miles y miles de pendejos iban a sufrir las consecuencias. Que, para nosotros y eso era verdad, iba a ser muy duro, pero que nosotros ya estábamos jugados, que habíamos tenido lo nuestro y que, de últimas, teníamos experiencias en malos ratos y fulerías. Pero los pibes, los pendejitos de Central, ésos, iban a tener de por vida una marca en sus vidas que los iba a marcar para siempre, como un fierro caliente. Que las cargadas que iban a recibir esos pibes, esas criaturas, en la escuela, los iban a destrozar, les iban a pudrir el bocho para siempre, iban a ser una o dos generaciones de tipos hechos bolsa, disminuidos ante los leprosos, temerosos de salir a la calle o mostrarse en público. Y eso es verdad, hermano, porque yo me acuerdo lo que eran las cargadas en la escuela primaria, sobre todo.

Yo me acuerdo cuándo perdimos cinco a tres con la lepra en el Parque después de ir ganando dos a cero, cuando se vendió el Colorado Bertoldi, que todavía se estará gastando la guita, y te juro que yo por una semana no me pude levantar de la cama porque no me atrevía a ir a la escuela para no bancarme la cargada de los lepra. Los pibes son muy hijos de puta para la cargada, son muy crueles. ¿No viste cómo descuartizan bichos, que agarran una langosta y le sacan todas las patas? Son unos hijos de puta los pibes en ese sentido. Y lo que decía el Colorado era verdad. Ahora todo el mundo habla de la deuda externa, y bueno, hermano, eso era algo así como lo de la deuda externa, que por la cagada de cuatro reverendos hijos de puta que empeñaron el país, la tenemos que pagar todos y los hijos y los hijos de nuestros hijos. Y si estaba en nosotros hacer algo para que eso no pasara, había que hacerlo, mi querido. Además, como decía el Colorado, ya no era el problema de la cargada de los pendejos futbolistas, está también el fato del exitismo. Los pibes ven que gana un equipo y se hacen hinchas de ese equipo, son así, casquivanos. Son hinchas del campeón. Entonces, ponele que hubiese ganado Ñubel y... ¡a la mierda! ... de ahí en más todos los pibes se hacían de Ñubel, ponele la firma. Y no te vale de nada llevarlos a la cancha, conversarlos, hablarles del Gitano Juárez o el Flaco Menotti, ni comprarles la camiseta de Central apenas nacen. No te vale de nada. Los pendejos ven que sale River campeón y son de River. Son así. Y en ese momento no era como ahora que, mal que mal, vos los llevás al Gigante y los pibes se caen de culo. Entonces, cuando van al chiquero del Parque, por mejor equipo que pueda tener Ñul, los pibes piensan “Yo no puedo ser hincha de esta villa miseria” y se hacen de Central. Porque todo entra por los ojos y vos ves que ahora los pibes por ahí ni siquiera han visto jugar a Central o a Ñul y ya se hacen hinchas de Central por el estadio. Es otra época, los pendejos son más materialistas, yo no sé si es la televisión o qué, pero la cosa es que se van de boca con los edificios.

Entonces la cosa estaba clara, había que secuestrar al viejo Casale, o sino aguantarse que quince, veinte años depués, hoy por ejemplo, la ciudad estuviese llena de lepra sos nacidos después de ese partido, y esto hoy ¿sabés lo que sería? Beirut sería un poroto al lado de esto, hermano te juro.

El que organizó la “Operación Eichmann”, como lo llamamos, fue el Colorado. La llamamos así por ese general aleman, el torturador, que se chorearon de acá una vez los judíos ¿viste? y lo nuestro era más o menos lo mismo. El Colorado es un tipo muy cerebral, que le carbura muy bien el bocho y él organizó todo. El Colorado ya no estaba par ese entonces en la O.C.A.L.. La O.C.A.L., no sé si sabés es una organización de acá, de Rosario, que se llama así porque son iniciales, O.C.A.L “Organización Canalla Anti Lepra”. Son un grupo de ñatos como el Ku-Klux-Klan, más o menos, que se reúnen en reuniones secretas y no sé si no van con capucha y todo a las reuniones, o si queman algún leproso vivo en cada reunión. Mirá yo no sé si es requisito indispensable ser hincha de Central, pero seguro seguro, lo que tenés que hacer es odiar a los lepra. Tenés que odiar más a los lepra que lo que querés a Central.

Hacen reuniones, escriben el libro de actas, piensar maldades contra los lepra, festejan fechas patrias de partidos que les hemos ganado, tienen himnos, son como esos tipos los masones esos, que nadie sabe quiénes son. Andan con antorchas. Bueno, de la O.C.A.L., de la O.C.A.L. al Colorado lo echaron por fanático, con eso te digo todo pero es un bocho el Colorado y él fue el que organizó todo el operativo.

Y te la cuento porque es linda, te la cuento porque es linda, no sé si un día de estos no aparece en el “Selecciones” y todo. Averiguamos qué ómnibus iba para Villa Diego, adonde tenía la quinta el hermano del viejo Cassale. Desde donde vivía el viejo, ahí por San Juan al mil cuatro cientos, lo único que lo dejaba en ese entonces, si mal no recuerdo, era el 305 que pasaba por la calle San Luis. O sea que el viejo tenía que tomarlo en San Luis-Paraguay o San Luis-Corrientes, no más allá de eso a menos que fuera muy pelotudo y lo fuera a tomar a Bulevar Oroño que no sé para qué mierda iba a hacer eso. Ahora, la. duda era si el viejo se iba a ir en ómnibus o en auto, porque si se iba en auto nos recagaba, pero nos jugábamos a que se iba a ir en ómnibus porque auto no tenía y seguro que el hermano tampoco tenía porque debía ser un muerto de hambre como él, seguramente. Y te digo que la cosa venía perfecta, porque el viejo nos había dicho que iba a salir bien temprano para no infartarse con las bocinas o sea que nosotros podíamos combinarlo con el horario de salida nuestra para el partido. Porque también nos cagaba si salía a la una de la tarde para Villa Diego porque después ¿cómo llegábamos nosotros a Buenos Aires para la hora del partido con el quilombo que era la ruta y en un ómnibus de línea? Lo más probable es que nos hiciéramos pelota en el camino por ir a los pedos. Y por otra parte, hermano, Villa Diego queda saliendo para Buenos Aires o sea que la cosa estaba clavada, era posta posta.

Después hubo que hablar con los otros muchachos, porqu e convencer al Rulo no nos costó nada, a él le daba lo mismo y, además, le contamos los entretelones del asunto. Te digo que el Colora manejó la cosa como un capo, un maestro. El asunto era así, el Rulo es un fana amigo de Central que tiene un par de ómnibus, está muy bien el Rulo. Y en esa época tenía un par de coches en la línea 305. Fue un ojete así de grande, porque si no teníamos que conseguir otro coche, cambiarle el color, pintarlo, qué sé yo, ponerle el número, un laburo bárbaro. Pero el Rulo tenía dos 305 y con uno de ésos ya tenía pensado pirarse para el Monumental el día del partido y más bien que se llevaba como mil monos que también iban para allá. Lo sacaba de servicio y que se fueran todos a la reputísima madre que los parió, no iba a perderse el partido ese.

Entonces, el Rulo, con los monos arriba Y nosotros, tenía que estar con el ómnibus preparado, el motor en marcha, por España, estacionado. Y el Miguelito se ponía de guardia, tomando un café, justo en un boliche de ahí cerca desde donde veían la puerta de la casa del viejo Cassale. Creo que a las cinco, nomás, de la matina, ya estaba el Miguelito apostado en el boliche haciéndose el boludo y junando para la casa del viejo. Te juro que ni los tupamaros hubieran hecho un operativo como ése, hermano. Fue una maravilla.

Apenas vio que salía el viejo con una canastita donde seguro se llevaba algún matambre casero, algo de eso, el pobre viejo, el Miguelito cazó una Vespa que tenía en ese entonces, dio la vuelta a la manzana y nos avisó. Cargó la moto en el ómnibus, en la parte de atrás, detrás de los últimos asientos y nos pusimos en marcha.

Ya les habíamos dicho a tres o cuatro pendejos, de esos quilomberos de la barra, que se hicieran bien los sotas, que no dijeran ni media palabra y se hicieran los que apoliyaban. Nosotros también, para que no nos reconociera el viejo, estábamos en los asientos traseros, haciéndonos los dormido, incluso con la cara tapada con algún pulover, como si nos jodiera la luz, o con algún piloto.

Te digo que el día había amanecido frío y lluvioso, como la otra fecha patria, el 25 de Mayo. Además, el quilombo había sido guardar y esconder todas las banderas, las cornetas, las bolsas con papelitos, los termos, todo eso. Uno de los muchachos llevaba una bandera de la gran puta que medía 52 metros ¡52 metros, loco! Media cuadra de bandera que decía “Empalme Graneros presente” y tuvimos que meterla debajo de un asiento para que el. viejardo no la vichara.

La cosa es que el viejo subió medio dormido y se sentó en uno de los asientos de adelante que ya habíamos dejado libre a propósito para que no viera mucho del ómnibus. Rulo le cobró boleto y todo. Y nadie se hablaba como si no nos conociéramos. Y como el ómnibus iba haciendo el recorrido normal, el viejo iba lo más piola, mirando por la ventanilla. La cuestión es que llegamos a Villa Diego y el viejo tranquilo. Cada tanto, cuando nos pasaba algún auto con banderas en el techo, tocando bocina, el viejo miraba a los que tenía cerca y movía la cabeza como diciendo “¡Mirá vos!”.

Se ve que tenía unas ganas de hablar pero nadie quería darle mucha bola para no pisarse en una de ésas. Así que nos hacíamos todos los dormidos. Parecía que habían tirado un gas adentro de ese ómnibus hermano. Como cuando se muere algún ñato ¿viste? que se queda a apoliyar en el auto con el motor prendido y lo hace cagar el monóxido de carbono, creo. Bueno, así parecía que a nosotros nos había agarrado el monóxido de carbono. Pero, cuando llegamos a Villa Diego, por ahí el viejo se levanta y le dice al Rulo “En la esquina, jefe.”. Y yo no sé qué le dijo el Rulo, algo de que ahí no se podía parar, que estaba cerrado el tráfico, que había que seguir un poco más adelante y el viejo se la comió, pero se quedó paradito al lado de la puerta. Al rato, por supuesto, de nuevo el viejo, “En la esquina”. Ahí ya el Rulo nos miró, porque se le habían acabado los versos. Y ahí, hermano... ¡vos no sabés lo que fue eso! Fue como si nos hubiésemos puesto todos de acuerdo y te juro que ni siquiera lo habíamos hablado. Empezaron los muchachos a desplegar las banderas, a sacar las cornetas y las banderas por la ventana, y a los gritos, hermano, “¡Soy canalla, soy canalla!” por las ventanas.

Pero no para el lado del viejo, el pobre viejo, que la cara que puso no te la puedo describir con palabras, sino para afuera, porque los grones, con lo quilomberos que son, se habían ido aguantando hasta ahí sin gritar ni armar quilombo para no deschavarse con el viejo, pero cuando llegó el momento agarraron las banderas, empezaron a sacar los brazos y golpear las chapas del costado del ómnibus y también el Rulo empezó a seguir el ritmo con la bocina.

¿Viste esas películas de cowboy, cuando los choros van a asaltar una carreta donde parece que no hay nadie, o que la maneja nada más que un par de jovatos y de golpe se abren los costados y aparecen 17.000 soldados que los cagan a tiros? ¿Que levantan la lona y estaban todos adentro haciéndose los sotas? Bueno, ese ómnibus debió ser algo así. De golpe se transfonnó en un quilombo, un escándalo, una de gritos, de bocinazos, cornetas, una joda. ¡Y la gente al lado de la ruta! Porque desde la madrugada ya había gente a los costados de la ruta esperando que pasaran las caravanas de hinchas. Era para llorar, eso, conmovedor, te saludaban, gritaban, levantaban los puños, por ahí algún lepra, a las perdidas, te tiraba un cascotazo... Pero vuelvo al viejo, el viejo, no sabés la caripela que puso. Porque nosotros lo estábamos mirando porque decíamos: éste es el momento crucial. Ahí el viejo o cagaba la fruta, el corazón se le hacía bosta, o salía adelante. El viejo miraba para atrás, a todos los monos que saltaban y cantaban y no lo podía creer. Se volvió a sentar y creo que hasta San Nicolás no volvió a articular palabra. Te digo que el Rábano, el hijo de la Nancy ya se había ofrecido a hacerle respiración boca a boca llegado el caso, que era algo a lo que todos, mal que mal, le habíamos esquivado el bulto porque, qué sé yo, te da un poco de asco, además con un viejo.

Pero mirá, te la hago corta. Mirá, cuando el viejo ya vio que no había arreglo, que no había posibilidad de que lo dejáramos bajar del ómnibus, se entregó, pero se entregó entregó. Porque, al principio, nosotros nos acercamos y nos reputeó, nos dijo que éramos unos irresponsables, unos asesinos, que no teníamos conciencia, que era una,verguenza, qué sé yo todo lo que nos dijo. Pero después, cuando nosotros le dijimos que él estaba perfecto, que estaba hecho un toro, que si se había bancado la sorpresa del ómnibus quería decir que ese cuore se podía bancar cualquier cosa, empezó a tranquilizarse. El Colorado llegó a decirle que todo era una maniobra nuestra para demostrarle que él estaba perfectamente sano y que incluso el médico estaba implicado en la cosa.

Mirá hermano, y creéme porque es la pura verdad ¿qué intención puedo tener en mentirte, hoy por hoy? mucho antes ya de entrar en Buenos Aires ese viejo era el más feliz de los mortales, te lo digo yo y te lo juro por la salud de mis lujos. El viejo cantaba, puteaba, chupaba mate, comía facturas, gritaba por la ventana y a la cancha se bajó envuelto en una bandera. No había, en la hinchada, un tipo más feliz que él. Vino con nosotros a la popu y se bancó toda la espera del partido, que fue más larga que la puta que lo parió y después se bancó el partido. Estaba verde, eso si, y había momentos en que parecía que vos lo pinchabas con un alfiler y reventaba como un sapo, porque yo lo relojeaba a cada momento. Y después del gol del Aldo, yo lo busqué, lo busqué porque fue tal el quilombo y el desparramo cuando el Aldo la mandó adentro que yo ni sé por dónde fuimos a caer entre las avalanchas y los abrazos y los desmayos y esas cosas. Pero después miré para el lado del viejo y lo vi abrazado a un grandote en musculoso casi trepado arriba del grandote, llorando. Y ahí me dije: si éste no se murió aquí, no se muere más. Es inmortal. Y después ni me acordé más del viejo, que lo que alambramos, lo que cortamos clavos, los fierros que cortamos con el upite, hermano, ni te la cuento. Eso no se puede relatar, hermano, porque rezábamos, nos dábamos vueltas, había gente que se sentaba entre todo ese quilombo porque no quería ni mirar. Porque nos cagaron a pelotazos, ya el segundo tiempo era una cosa que la tenían siempre ellos y ¿sabés qué era lo fulero, lo terrible? ¡Qué si nos empataban nos ganaban, hermano, porque ésa es la justa! ¡Nos ganaban esos hijos de puta! ¡Nos empataban, íbamos a un suplementario y ahí nos iban a hacer refocilar el orto porque estaban más enteros y se venían como un malón los guachos! ¡Qué manera de alambrar! Decí que ese día, Dios querido, yo no sé que tenía el flaco Menuttl que sacó cualquier cosa, sacó todo, vos no quieras creer lo que sacó ese día ese flaco enclenque que parecía que se rompía a pedazos en cada centro. Le sacó un cabezazo de pique al suelo a Silva que lo vimos todos adentro, hermano, que era para ir todos en procesión y besarle el culo al flaco ése ¡qué pelota le sacó a Silva! Ahí nos infartamos todos, faltaban cinco minutos y si nos empataban, te repito, éramos boleta en el suplementario. Me acuerdo que miro para atrás y lo veo al viejo, blanco, pálido, con los ojos desencajados, pobrecito, pero vivo. Y ahora yo te digo, te digo y me gustaría que me contesten todos esos que ahora dicen que fue una hijaputez lo que hicimos con el viejo Casale ese día. Me gustaría que alguno de esos turritos me contestara si alguno de ellos lo vio como lo vi yo al viejo Cassale cuando el referí dio por terminado el partido, hermano. Que alguno me diga si, de puta casualidad, lo vio al viejo Casale como lo vi yo cuando el referí dio por terminado el partido y la cancha era un infierno que no se puede describir en palabras. Te digo que me, gustaría que alguien me diga si alguien lo vio como lo vi yo. ¡La cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegría en la cara de ese viejo! ¡Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a ese viejo, que te puedo asegurar que ese día fue para ese viejo el día más feliz de su vida, pero lejos lejos el día más feliz de su vida, porque te juro que la alegría que tenía ese viejo era algo impresionante! Y cuando lo vi caerse al suelo como fulminado por un rayo, porque quedó seco el pobre viejo, un poco que todos pensamos; “¡qué importa!” ¡Qué más quería que morir así ese hombre! ¡Esa es la manera de morir para un canalla! ¿Iba a seguir viviendo? ¿Para qué? ¿Para vivir dos o tres años rasposos más, así como estaba viviendo, adentro de un ropero, basureado por la esposa y toda la familia? ¡Más vale morirse así, hermano! Se murió saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegría de haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos! ¡Así se tenía que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo ésa, hermano! Yo elijo ésa.

 

 

S� yo s� que ahora hay quienes dicen que fuimos unos hijos de puta por lo que hicimos con el viejo Cassale, yo s�. Nunca falta gente as�. Pero ahora es f�cil decirlo, ahora es f�cil. Pero hab�a que estar esos d�as en Rosario para entender el fato, mi viejo, que hablar al pedo ahora habla cualquiera.

Yo no s� si vos te acord�s lo que era Rosario en esos d�as anteriores al partido. �Y qu� te digo ?esos d�as?! �Desde semanas antes ya se ven�a hablando, del partido y la ciudad era una caldera, porque eso era lo que era la ciudad! Claro, los que ahora hablan son esos turros que despu�s vos los ve�as por la calle gritando y saltando como unos desgraciados, festejando en pedo a los gritos y despu�s ahora te salen con que son... �qu� son?... moralistas... �De qu� se la tiran, hijos de mil putas? Ahora son todos piolas, es muy f�cil hablar. Pero si vos vieras lo que era la ciudad en esos d�as, hermano, prend�as un f�sforo y volaba todo a la mierda. No se hablaba de otra cosa en los boliches, en la calle, en cualquier parte. Saltaban chispas, te aseguro. Y la cosa arranc� con el fato de las c�balas. O mejor dicho, de los maleficios.

?Hay que entender que no era un partido cualquiera, hermano, era una final final. Porque si bien era una semifinal, el que ganaba despu�s ven�a a jugar a Rosario y le romp�a el culo a cualquiera. Fuera Central como �ul, ac� le hac�a la fiesta a cualquiera. �Y c�mo estaban los lepra! �Eso, eso tendr�an que acordarse ahora los que hablan al reverendo pedo y nos vienen a romper las pelotas con el asunto del viejo Casale! �No se acuerdan esos turros c�mo estaban los lepra? �No se acuerdan ahora, mi viejo? Hab�a que aguantarlos porque se corr�an una fija, pero una fija se corr�an, hermano, que hasta creo que se pensaban que nos iban a llenar la canasta. No que s�lo nos iban a hacer la colita sino que adem�s nos iban a meter cinco, en el Monumental y para latelevisi�n. �Pero por qu� no se van a la concha de su madre! �Qu� mierda nos van a hacer cinco esos culosroto! �As� se la comieron doblada! �Qu� pija que tienen desde ese d�a y no se la pueden sacar!

Pero la verdad, la verdad, hermano, con una mano en el coraz�n, que ten�an un equipazo, pero un equipazo, de padre y se�or m�o.

Hay que reconocerlo. Porque jugaban que daba gusto, el buen toque y te abrochaban bien abrochado. Estaba Zanabria, el Marito Zanabria; el Mono Obberti �Dios querido, el Mono Obberti, qu� jugador! Silva el que era de Lan�s, el alba�il. �Montes! Montes de cinco; Santamar�a el Cucurucho Santamar�a, qu� s� yo, era un equipazo, un equipazo hay que reconocer, y la lepra se corr�a una fija. �Sab�s cu�ntos hab�a en la ruta a Buenos Aires, el d�a del partido? Yo no s�, eran miles, millones, yo no s� de d�nde hab�an salido tantos leprosos. Si son cuatro locos y de golpe, para ese partido, aparecieron como hormigas los desgraciados. Todos fueron. �Lo que era esa ruta, papito querido! Entonces, o�me, hab�a que recurrir a cualquier cosa. Hay partidos que no pod�s perder, ten�s que ganar o ganar. No hay tut�a. Entonces si a m� me dec�an que ten�a que matar a mi vieja, que hab�a que hacer cagar al presidente Kennedy, me daba lo mismo, hermano. Hay partidos que no se pueden perder. �Y qu�? �Te vas a dejar basurear por estos soretes para que te refrieguen despu�s la bandera por la jeta toda la vida? No, mi viejo. Entonces, ah�, hay que recurrir a cualquier cosa. Es como cuando ten�s un pariente enfermo �viste? tu vieja, por ejemplo, que por ah� sos capaz hasta de ir a la iglesia �viste? Y te digo, yo esa vez no fui a la iglesia, no fui a la iglesia porque te juro que no se me ocurri�, mir� vos, que si no... te aseguro que me confesaba y todo si serv�a para algo. Pero con los muchachos enganchamos con la cuesti�n de las brujer�as, de la ruda macho, de enterrar un sapo detr�s del arco de Fenoy, de tirar sal en la puerta de los jugadores de �ubel y de todas esas cosas que siempre se habla. Por supuesto que todas las brujas del barrio ya estaban laburando en la cosa y hab�a mu�ecos con camiseta de �ubel clavados con alfileres, maldiciones pedidas por tel�fono y hasta mi vieja que no manya mucho del asunto ten�a un pa�uelo atado desde hac�a como diez d�as, de �sos de ?Pilato, Pilato, si no gana Central en River no te desato?. Despu�s la vieja dec�a que hab�amos ganado por ella, pobre vieja, si hubiera sabido lo del viejo Casale, pero yo le dec�a que s� para no desilusionarla a la vieja.

Pero todo el fato de la ruda macho y el sapo de atr�s del arco eran, qu� s� yo, cosas muy generales, ya hab�a tipos que lo estaban haciendo y adem�s, el partido era en el Monumental y no te vas a meter en la pista ol�mpica a enterrar un sapo porque vas en cana con treinta cadenas y no te saca ni Dios despu�s, hermano. Entonces, me acuerdo que empezamos con la cosa de las c�balas personales. Porque me acuerdo que est�bamos en el boliche de Pedro y ven�amos hablando de eso. Entonces, por ejemplo, resolvimos que a Buenos Aires �bamos a ir en el auto del Dani porque era el auto con el que hab�amos ido una vez a La Plata en un partido contra Estudiantes y que hab�amos ganado dos a cero. Yo iba a llevar, por supuesto, el gorrito que ven�a llevando a la cancha todos los �ltimos partidos y no me hab�a fallado nunca el gorrito. A �se lo iba a llevar, era un gorrito milagroso �se.El Coqui iba a ir con el reloj cambiando de lugar, o sea en la mu�eca derecha y no en la izquierda, porque en un partido contra no s� qui�n se lo hab�a cambiado en el medio tiempo porque �bamos perdiendo y con eso empatamos.o sea, todo el mundo repas� todas las c�balas posibles como para ir bien de bien y no dejar ning�n detalle suelto. te digo m�s, estuvimos parados en la tribuna en el partido contra Atlanta para pararnos de la misma manera en el partido contra la lepra el boludo de michi dec�a que �l hab�a estado detr�s del Valija y el Miguelito porfiaba que el que hab�a estado detr�s del Valija era �l. Mir� vos, hasta eso estudiamos antes del partido, para que veas c�mo ven�a la mano en esos d�as. �Y sab�s qu� te lleva a eso, hermano, sab�s qu� te lleva a eso? El cagazo, hermano, el cagazo, el cagazo te lleva a hacer cualquier cosa, como lo que hicimos con el viejo Casale.

Porque si lleg�bamos a perder, mamita querida, nos ten�amos que ir de la ciudad, mi viejo, nos ten�amos que refugiar en el extranjero, te juro, no pod�amos volver nunca m�s ac�. �bamos a perecer

Esos refugiados camboyanos que se tomaron el piro en una balsa. Te juro que si perd�amos nosotros agarr�bamos el ?Ciudad de Rosario? y por ac�, por el Paran�, nos ten�amos que ir todos, millones de canallas, no s�, a Diamante, a Per�, a Cuzco, a la concha de su madre, pero ac� no se iba a poder vivir nunca m�s con la cargada de los leprosos putos, m� viejo. Ya el Miguelito hab�a dicho bien claro que �l se la daba, que si perd�amos agarraba un bufo y se volaba la sabiola y te digo que el Miguelito es capaz de eso y mucho m�s porque es loco el Miguelito, as� que hab�a que creerle. O hacerse puto, no s� qui�n hab�a comentado la posibilidad de hacerse trolo y a otra cosa mariposa, darle a las plumas y salir vestido de loca por Pellegrini y no volver nunca m�s a la casa. Pero, te digo, nadie quer�a ni siquiera sentir hablar de esa Posibilidad. Ni se nombraba la palabra ?derrota?.

Era como cuando se habla del c�ncer, hermano. Vos ves que por ah� te dicen ?la papa?, o ?tiene otra cosa?, ?algo malo?, pero el cangrejo, mi viejo, no te lo nombra nadie. Y ah� fue cuando sale a relucir lo del viejo Casale. El viejo Cassale era el viejo del Cabez�n Casale, un pibe que siempre ven�a al boliche y que durante a�os vino a la cancha con nosotros pero que ya para ese entonces se hab�a ido a vivir al norte, a Salta creo, lo vi hace poco por ac�, que estaba de paso. Y ah� fue que nos acordamos de que un d�a, en la casa del Cabez�n, el viejo hab�a dicho que �l nunca, pero nunca, lo hab�a visto perder a Central contra �ul. Me acuerdo que nos hab�a impresionado porque ese tipo era un privilegiado del destino. Aunque al principio vos te preguntas, ?�C�mo carajo hizo este tipo pata no verlo perder nunca a Central contra �ul? �Qu� mierda hizo? Este coso no va nunca a la cancha?. Porque, o�me alguna vez lo tuviste que ver perder, a menos que no vay�s a. los cl�sicos. Y ojo que yo conozco muchos as�, que se borran bien borrados de los cl�sicos. O que van en Arroyito, pero que a la cancha del Parque no van en la puta vida. Y me acuerdo que le preguntarlos eso al viejo y el viejo nos dijo que no, y nos explic�. El iba siempre, un fana de Central que ni te cuento, pero se hab�a dado, qu� s� yo, una serie de casualidades que hicieron que en un mont�n de partidos con �ul �l no pudiera ir por un mont�n de causas que ni me acuerdo. Que estaba de viaje por Misiones ?el viejo era comisionista?; que ese d�a se hab�a torcido un tobillo y no pod�a caminar, que estaba engripado, que le dol�a un huevo, qu� s� yo, en fin, la verdad, hermano? que el viejo la posta posta era que nunca le hab�a tocado ver un partido en que la lepra nos hubiera roto el orto. Era un privilegiado el viejo y adem�s, un talism�n, querido, porque as� como hay tipos mufa que te hacen perder partidos adonde vayan, hay otros que si vos los llev�s es n�mero puesto que tu equipo gana. No es joda. Y el viejo Cassale era uno de �stos, de los ojetudos.

Entonces ah� nos dijimos ?Este viejo tiene que estar en el Monumental contra �ubel. No puede ser de otra forma. Tiene que estar?... Claro, dijimos, seguro que va a estar, si es fana de Central, canalla a muerte. Pero nos agarr� como la duda viste? porque nosotros no era que lo ve�amos todos los d�as al viejo, te digo m�s, desde que el Cabez�n se hab�a ido al norte a laburar, al viejo de �l no lo hab�amos vuelto a ver ni en la cancha, ni en la calle ni en ninguna parte. Adem�s, el viejo ya estaba bastante veterano porque deb�a tener como ochenta pirulos por ese entonces. Bah, en realidad ochenta no, pero sus sesenta, sesenta y cinco a�os los ten�a por debajo de las patas.

Entonces, con el Valija, el Colorado y el Miguelito decimos ?vamos a la casa del viejo a asegurarnos que va y si no va lo llevamos atado?. Porque tambi�n pod�a ser que el viejo no fuera porque no tuviera guita, qu� s� yo. Nosotros ya hab�amos pensado en hacer una rifa a beneficio, una kermesse, cualquier cosa. El viejo ten�a que ir, era una bandera, un cheque al portador.

La cuesti�n es que vamos a la casa y... �a qu� no sab�s con lo que nos sale el viejo? Que andaba mal del bobo y que el m�dico le hab�a prohibido terminantemente ir a la cancha, mir� vos. Nos sale con eso. Que no. Que hab�a tenido un infarto en no s� qu� partido, en un partido de mierda despu�s que una pelota peg� en un palo, que hab�a estado muerto como media hora y lo hab�an salvado entre los indios con respiraci�n artificial y masajes en el cuore, que no hab�a clavado la guampa de puro pedo y que le hab�a quedado tal cagazo que no hab�a vuelto a ir a la cancha desde hac�a ya, mir� lo que te digo, dos a�os.

�Hac�a dos a�os que no iba a la cancha el viejo ese! Y no era s�lo que �l no quer�a ir sino que el m�dico y, por supuesto, la familia, le ten�an terminantemente prohibido ir, l�gicamente. No s� si no le prohib�an incluso escuchar los partidos por radio, no s� si no se lo prohib�an, para que no le pateara el bobo, porque parece que el viejo escuchaba un pedo demasiado fuerte y se mor�a, tan jodido andaba. Vos le hac�as �Uh! en la cara y el viejo part�a. �Para qu�! Te imagin�s nosotros, la desesperaci�n, porque eso era como un presagio, un anuncio del infierno, hermano, era un preanuncio de que nos iban a hacer cagar en Buenos Aires, mi viejo. Entonces empezamos a tratar de hacerle la croqueta al viejo, a convencerlo, a decirle ?Pero mire, don Cassale, usted tiene que estar, es una cita de honor. �Qu� va a estar mal usted del cuore, si se lo ve cero kil�metro! Vamos, don Casale ?me acuerdo que lo jod�a Miguelito? �cu�ntos polvos se echa por d�a? usted est� hecho un toro?. Pero el viejo, ni mierda, en la suya. Que no y que no.

Le dec�amos que el partido iba a ser una joda, que �ubel ten�a un equipo de mierda y que ya a los quince minutos �bamos a estar tres a cero arriba, que el partido era una mera formalidad, que el gobierno ya hab�a decidido que ten�a que ganar Central para hacer feliz a mayor cantidad de gente. No s�, no s� la cantidad de boludeces que le dijimos al viejo para convencerlo. Pero el viejo nada, una piedra el hijo de puta. Para colmo ya hab�an empezado a rondar la mujer del viejo, madre del Cabez�n, y una hermana del Cabez�n, que quer�an saber qu� carajo quer�amos decirle nosotros al vicio en esa reuni�n, porque medio que ya se sospechaban que nosotros no �bamos para nada bueno. En resumen que el viejo nos dijo que no, que ni loco, que ni siquiera sab�a si iba apoder resistir la tensi�n de saber que se jugaba el partido, aun sin escucharlo. Porque el viejo los diarios los le�a, tan boludo no era, y sab�a c�mo ven�a la mano, c�mo era la cosa, c�mo formaban los equipos, suplentes, historial, antecedentes, chaquetillas, color, todo. Nos dijo m�s. ?Ese d�a ?nos dijo? bien temprano, antes de que empiecen a pasar los camiones y los �mnibus con la gente yendo para Buenos Aires, yo me voy a la quinta de un hermano m�o que vive en Villa Diego?. No quer�a escuchar ni los bocinazos el viejo. ?Me voy tempranito a lo de mi hermano, que a mi hermano le importa un sorete el f�tbol, y me paso el d�a ah�, sin escuchar radio ni nada?. Porque el viejo dec�a y tenla raz�n, que si se quedaba en la casa, por m�s que se encerrara en un ropero, algo iba a o�r, alg�n grito, alg�n gol, alguna cosa iba a o�r, pobre desgraciado, y se iba a quedar ah� mismo seco en el lugar. As� que se iba a ir a radicar en la quinta de ese hermano que ten�a, para borrarse del asunto.

Muy bien, muy bien. Te digo que salimos de all� hechos bosta porque ve�amos que la cosa ven�a muy mal. Casi era ya un dato seguro como para decir que �ramos boleta. Para colmo, al Valija, el d�a anterior le hab�a ca�do una t�a del campo y �l se acordaba que, en un partido que perdimos con San Lorenzo, esa misma t�a le hab�a venido el d�a antes. Era un presagio funesto el de la t�a.

Fue cuando decidimos lo del secuestro. Nos fuimos al boliche y esa noche lo charlamos muy seriamente. El Dani dec�a que no, que era una barbaridad, que el viejo se nos iba a morir en el viaje, o en la cancha, y despu�s se iba a armar un quilombo que �bamos a terminar todos en cana y que, adem�s, eso ser�a casi un asesinato. Pero al Dani mucha bola no le dimos porque ha sido siempre un exagerado y m�s que un exagerado, medio cag�n el Dani. Pero nosotros est�bamos bien decididos y m�s que nada por una cosa que dijo el Valija: el viejo estaba diez puntos. Hab�a tenido un infarto, es cierto. Pero hay miles de tipos que han tenido un infarto y vos los ves caminando tranquilamente por la yeca y sin hacer tanto quilombo como este viejo pelotudo, con eso de meterse adentro de un ropero, o no ir a la cancha, o dejar que te rigoree la familia como la esposa y la otra, la hermana del Cabez�n. Por otra parte, y vos lo sab�s, los m�dicos son unos turros pero unos turros que se ve que lo quer�an hacer durar al viejo mil a�os para sacarle guita, hacerle experimentos y chuparle la sangre. Y adem�s, como dec�a el Miguelito y eso era cierto, vos lo ve�as al viejo y estaba fen�meno. Con casi sesenta afios no te digo que parec�a un pendejo pero andaba lo m�s bien. Caminaba, hablaba, se sentaba, qu� s� yo, se mov�a. �Chupaba! Porque a nosotros nos convid� con Cinzano y el viejo se mand� su medidita, no te digo un vasazo pero su medidita se mand�. La cosa es que el Miguelito elabor� una teor�a que te digo, a�n hoy, no me parece descabellada. �El viejo era un curro, hermano! Un turrazo que especulaba con el fato del bobo para pasarla bien y no laburarla nunca m�s en la vida de Dios. Con el sover del bobo no pon�a el lomo, lo atend�an a cuerpo de rey y ?la ten�a a la vieja y a la hermana del Cabez�n pendientes de �l ?viviendo como un bacan, el viejo. Y... �de qu� se privaba? De alg�n faso; que no s� si no fasear�a escondido; y de no ir a?la cancha. Fijate vos, eso era todo. Y viv�a como Carolina de M�naco el otario. Bueno, con ese argumento y lo que dijo el Colorado se resolvi� todo.

El Colorado nos habl� de los grandes ideales, de nuestra misi�n frente a la sociedad, de nuestro deber frente a las generaciones posteriores, los pendejos. Nos dijo que si ese partido se perd�a, miles y miles de pendejos iban a sufrir las consecuencias. Que, para nosotros y eso era verdad, iba a ser muy duro, pero que nosotros ya est�bamos jugados, que hab�amos tenido lo nuestro y que, de �ltimas, ten�amos experiencias en malos ratos y fuler�as. Pero los pibes, los pendejitos de Central, �sos, iban a tener de por vida una marca en sus vidas que los iba a marcar para siempre, como un fierro caliente. Que las cargadas que iban a recibir esos pibes, esas criaturas, en la escuela, los iban a destrozar, les iban a pudrir el bocho para siempre, iban a ser una o dos generaciones de tipos hechos bolsa, disminuidos ante los leprosos, temerosos de salir a la calle o mostrarse en p�blico. Y eso es verdad, hermano, porque yo me acuerdo lo que eran las cargadas en la escuela primaria, sobre todo.

Yo me acuerdo cu�ndo perdimos cinco a tres con la lepra en el Parque despu�s de ir ganando dos a cero, cuando se vendi� el Colorado Bertoldi, que todav�a se estar� gastando la guita, y te juro que yo por una semana no me pude levantar de la cama porque no me atrev�a a ir a la escuela para no bancarme la cargada de los lepra. Los pibes son muy hijos de puta para la cargada, son muy crueles. �No viste c�mo descuartizan bichos, que agarran una langosta y le sacan todas las patas? Son unos hijos de puta los pibes en ese sentido. Y lo que dec�a el Colorado era verdad. Ahora todo el mundo habla de la deuda externa, y bueno, hermano, eso era algo as� como lo de la deuda externa, que por la cagada de cuatro reverendos hijos de puta que empe�aron el pa�s, la tenemos que pagar todos y los hijos y los hijos de nuestros hijos. Y si estaba en nosotros hacer algo para que eso no pasara, hab�a que hacerlo, mi querido. Adem�s, como dec�a el Colorado, ya no era el problema de la cargada de los pendejos futbolistas, est� tambi�n el fato del exitismo. Los pibes ven que gana un equipo y se hacen hinchas de ese equipo, son as�, casquivanos. Son hinchas del campe�n. Entonces, ponele que hubiese ganado �ubel y... �a la mierda! ... de ah� en m�s todos los pibes se hac�an de �ubel, ponele la firma. Y no te vale de nada llevarlos a la cancha, conversarlos, hablarles del Gitano Ju�rez o el Flaco Menotti, ni comprarles la camiseta de Central apenas nacen. No te vale de nada. Los pendejos ven que sale River campe�n y son de River. Son as�. Y en ese momento no era como ahora que, mal que mal, vos los llev�s al Gigante y los pibes se caen de culo. Entonces, cuando van al chiquero del Parque, por mejor equipo que pueda tener �ul, los pibes piensan ?Yo no puedo ser hincha de esta villa miseria? y se hacen de Central. Porque todo entra por los ojos y vos ves que ahora los pibes por ah� ni siquiera han visto jugar a Central o a �ul y ya se hacen hinchas de Central por el estadio. Es otra �poca, los pendejos son m�s materialistas, yo no s� si es la televisi�n o qu�, pero la cosa es que se van de boca con los edificios.

Entonces la cosa estaba clara, hab�a que secuestrar al viejo Casale, o sino aguantarse que quince, veinte a�os depu�s, hoy por ejemplo, la ciudad estuviese llena de lepra sos nacidos despu�s de ese partido, y esto hoy �sab�s lo que ser�a? Beirut ser�a un poroto al lado de esto, hermano te juro.

El que organiz� la ?Operaci�n Eichmann?, como lo llamamos, fue el Colorado. La llamamos as� por ese general aleman, el torturador, que se chorearon de ac� una vez los jud�os �viste? y lo nuestro era m�s o menos lo mismo. El Colorado es un tipo muy cerebral, que le carbura muy bien el bocho y �l organiz� todo. El Colorado ya no estaba par ese entonces en la O.C.A.L.. La O.C.A.L., no s� si sab�s es una organizaci�n de ac�, de Rosario, que se llama as� porque son iniciales, O.C.A.L ?Organizaci�n Canalla Anti Lepra?. Son un grupo de �atos como el Ku-Klux-Klan, m�s o menos, que se re�nen en reuniones secretas y no s� si no van con capucha y todo a las reuniones, o si queman alg�n leproso vivo en cada reuni�n. Mir� yo no s� si es requisito indispensable ser hincha de Central, pero seguro seguro, lo que ten�s que hacer es odiar a los lepra. Ten�s que odiar m�s a los lepra que lo que quer�s a Central.

Hacen reuniones, escriben el libro de actas, piensar maldades contra los lepra, festejan fechas patrias de partidos que les hemos ganado, tienen himnos, son como esos tipos los masones esos, que nadie sabe qui�nes son. Andan con antorchas. Bueno, de la O.C.A.L., de la O.C.A.L. al Colorado lo echaron por fan�tico, con eso te digo todo pero es un bocho el Colorado y �l fue el que organiz� todo el operativo.

Y te la cuento porque es linda, te la cuento porque es linda, no s� si un d�a de estos no aparece en el ?Selecciones? y todo. Averiguamos qu� �mnibus iba para Villa Diego, adonde ten�a la quinta el hermano del viejo Cassale. Desde donde viv�a el viejo, ah� por San Juan al mil cuatro cientos, lo �nico que lo dejaba en ese entonces, si mal no recuerdo, era el 305 que pasaba por la calle San Luis. O sea que el viejo ten�a que tomarlo en San Luis-Paraguay o San Luis-Corrientes, no m�s all� de eso a menos que fuera muy pelotudo y lo fuera a tomar a Bulevar Oro�o que no s� para qu� mierda iba a hacer eso. Ahora, la. duda era si el viejo se iba a ir en �mnibus o en auto, porque si se iba en auto nos recagaba, pero nos jug�bamos a que se iba a ir en �mnibus porque auto no ten�a y seguro que el hermano tampoco ten�a porque deb�a ser un muerto de hambre como �l, seguramente. Y te digo que la cosa ven�a perfecta, porque el viejo nos hab�a dicho que iba a salir bien temprano para no infartarse con las bocinas o sea que nosotros pod�amos combinarlo con el horario de salida nuestra para el partido. Porque tambi�n nos cagaba si sal�a a la una de la tarde para Villa Diego porque despu�s �c�mo lleg�bamos nosotros a Buenos Aires para la hora del partido con el quilombo que era la ruta y en un �mnibus de l�nea? Lo m�s probable es que nos hici�ramos pelota en el camino por ir a los pedos. Y por otra parte, hermano, Villa Diego queda saliendo para Buenos Aires o sea que la cosa estaba clavada, era posta posta.

Despu�s hubo que hablar con los otros muchachos, porqu e convencer al Rulo no nos cost� nada, a �l le daba lo mismo y, adem�s, le contamos los entretelones del asunto. Te digo que el Colora manej� la cosa como un capo, un maestro. El asunto era as�, el Rulo es un fana amigo de Central que tiene un par de �mnibus, est� muy bien el Rulo. Y en esa �poca ten�a un par de coches en la l�nea 305. Fue un ojete as� de grande, porque si no ten�amos que conseguir otro coche, cambiarle el color, pintarlo, qu� s� yo, ponerle el n�mero, un laburo b�rbaro. Pero el Rulo ten�a dos 305 y con uno de �sos ya ten�a pensado pirarse para el Monumental el d�a del partido y m�s bien que se llevaba como mil monos que tambi�n iban para all�. Lo sacaba de servicio y que se fueran todos a la reput�sima madre que los pari�, no iba a perderse el partido ese.

Entonces, el Rulo, con los monos arriba Y nosotros, ten�a que estar con el �mnibus preparado, el motor en marcha, por Espa�a, estacionado. Y el Miguelito se pon�a de guardia, tomando un caf�, justo en un boliche de ah� cerca desde donde ve�an la puerta de la casa del viejo Cassale. Creo que a las cinco, nom�s, de la matina, ya estaba el Miguelito apostado en el boliche haci�ndose el boludo y junando para la casa del viejo. Te juro que ni los tupamaros hubieran hecho un operativo como �se, hermano. Fue una maravilla.

Apenas vio que sal�a el viejo con una canastita donde seguro se llevaba alg�n matambre casero, algo de eso, el pobre viejo, el Miguelito caz� una Vespa que ten�a en ese entonces, dio la vuelta a la manzana y nos avis�. Carg� la moto en el �mnibus, en la parte de atr�s, detr�s de los �ltimos asientos y nos pusimos en marcha.

Ya les hab�amos dicho a tres o cuatro pendejos, de esos quilomberos de la barra, que se hicieran bien los sotas, que no dijeran ni media palabra y se hicieran los que apoliyaban. Nosotros tambi�n, para que no nos reconociera el viejo, est�bamos en los asientos traseros, haci�ndonos los dormido, incluso con la cara tapada con alg�n pulover, como si nos jodiera la luz, o con alg�n piloto.

Te digo que el d�a hab�a amanecido fr�o y lluvioso, como la otra fecha patria, el 25 de Mayo. Adem�s, el quilombo hab�a sido guardar y esconder todas las banderas, las cornetas, las bolsas con papelitos, los termos, todo eso. Uno de los muchachos llevaba una bandera de la gran puta que med�a 52 metros �52 metros, loco! Media cuadra de bandera que dec�a ?Empalme Graneros presente? y tuvimos que meterla debajo de un asiento para que el. viejardo no la vichara.

La cosa es que el viejo subi� medio dormido y se sent� en uno de los asientos de adelante que ya hab�amos dejado libre a prop�sito para que no viera mucho del �mnibus. Rulo le cobr� boleto y todo. Y nadie se hablaba como si no nos conoci�ramos. Y como el �mnibus iba haciendo el recorrido normal, el viejo iba lo m�s piola, mirando por la ventanilla. La cuesti�n es que llegamos a Villa Diego y el viejo tranquilo. Cada tanto, cuando nos pasaba alg�n auto con banderas en el techo, tocando bocina, el viejo miraba a los que ten�a cerca y mov�a la cabeza como diciendo ?�Mir� vos!?.

Se ve que ten�a unas ganas de hablar pero nadie quer�a darle mucha bola para no pisarse en una de �sas. As� que nos hac�amos todos los dormidos. Parec�a que hab�an tirado un gas adentro de ese �mnibus hermano. Como cuando se muere alg�n �ato �viste? que se queda a apoliyar en el auto con el motor prendido y lo hace cagar el mon�xido de carbono, creo. Bueno, as� parec�a que a nosotros nos hab�a agarrado el mon�xido de carbono. Pero, cuando llegamos a Villa Diego, por ah� el viejo se levanta y le dice al Rulo ?En la esquina, jefe.?. Y yo no s� qu� le dijo el Rulo, algo de que ah� no se pod�a parar, que estaba cerrado el tr�fico, que hab�a que seguir un poco m�s adelante y el viejo se la comi�, pero se qued� paradito al lado de la puerta. Al rato, por supuesto, de nuevo el viejo, ?En la esquina?. Ah� ya el Rulo nos mir�, porque se le hab�an acabado los versos. Y ah�, hermano... �vos no sab�s lo que fue eso! Fue como si nos hubi�semos puesto todos de acuerdo y te juro que ni siquiera lo hab�amos hablado. Empezaron los muchachos a desplegar las banderas, a sacar las cornetas y las banderas por la ventana, y a los gritos, hermano, ?�Soy canalla, soy canalla!? por las ventanas.

Pero no para el lado del viejo, el pobre viejo, que la cara que puso no te la puedo describir con palabras, sino para afuera, porque los grones, con lo quilomberos que son, se hab�an ido aguantando hasta ah� sin gritar ni armar quilombo para no deschavarse con el viejo, pero cuando lleg� el momento agarraron las banderas, empezaron a sacar los brazos y golpear las chapas del costado del �mnibus y tambi�n el Rulo empez� a seguir el ritmo con la bocina.

�Viste esas pel�culas de cowboy, cuando los choros van a asaltar una carreta donde parece que no hay nadie, o que la maneja nada m�s que un par de jovatos y de golpe se abren los costados y aparecen 17.000 soldados que los cagan a tiros? �Que levantan la lona y estaban todos adentro haci�ndose los sotas? Bueno, ese �mnibus debi� ser algo as�. De golpe se transfonn� en un quilombo, un esc�ndalo, una de gritos, de bocinazos, cornetas, una joda. �Y la gente al lado de la ruta! Porque desde la madrugada ya hab�a gente a los costados de la ruta esperando que pasaran las caravanas de hinchas. Era para llorar, eso, conmovedor, te saludaban, gritaban, levantaban los pu�os, por ah� alg�n lepra, a las perdidas, te tiraba un cascotazo... Pero vuelvo al viejo, el viejo, no sab�s la caripela que puso. Porque nosotros lo est�bamos mirando porque dec�amos: �ste es el momento crucial. Ah� el viejo o cagaba la fruta, el coraz�n se le hac�a bosta, o sal�a adelante. El viejo miraba para atr�s, a todos los monos que saltaban y cantaban y no lo pod�a creer. Se volvi� a sentar y creo que hasta San Nicol�s no volvi� a articular palabra. Te digo que el R�bano, el hijo de la Nancy ya se hab�a ofrecido a hacerle respiraci�n boca a boca llegado el caso, que era algo a lo que todos, mal que mal, le hab�amos esquivado el bulto porque, qu� s� yo, te da un poco de asco, adem�s con un viejo.

Pero mir�, te la hago corta. Mir�, cuando el viejo ya vio que no hab�a arreglo, que no hab�a posibilidad de que lo dej�ramos bajar del �mnibus, se entreg�, pero se entreg� entreg�. Porque, al principio, nosotros nos acercamos y nos repute�, nos dijo que �ramos unos irresponsables, unos asesinos, que no ten�amos conciencia, que era una,verguenza, qu� s� yo todo lo que nos dijo. Pero despu�s, cuando nosotros le dijimos que �l estaba perfecto, que estaba hecho un toro, que si se hab�a bancado la sorpresa del �mnibus quer�a decir que ese cuore se pod�a bancar cualquier cosa, empez� a tranquilizarse. El Colorado lleg� a decirle que todo era una maniobra nuestra para demostrarle que �l estaba perfectamente sano y que incluso el m�dico estaba implicado en la cosa.

Mir� hermano, y cre�me porque es la pura verdad �qu� intenci�n puedo tener en mentirte, hoy por hoy? mucho antes ya de entrar en Buenos Aires ese viejo era el m�s feliz de los mortales, te lo digo yo y te lo juro por la salud de mis lujos. El viejo cantaba, puteaba, chupaba mate, com�a facturas, gritaba por la ventana y a la cancha se baj� envuelto en una bandera. No hab�a, en la hinchada, un tipo m�s feliz que �l. Vino con nosotros a la popu y se banc� toda la espera del partido, que fue m�s larga que la puta que lo pari� y despu�s se banc� el partido. Estaba verde, eso si, y hab�a momentos en que parec�a que vos lo pinchabas con un alfiler y reventaba como un sapo, porque yo lo relojeaba a cada momento. Y despu�s del gol del Aldo, yo lo busqu�, lo busqu� porque fue tal el quilombo y el desparramo cuando el Aldo la mand� adentro que yo ni s� por d�nde fuimos a caer entre las avalanchas y los abrazos y los desmayos y esas cosas. Pero despu�s mir� para el lado del viejo y lo vi abrazado a un grandote en musculoso casi trepado arriba del grandote, llorando. Y ah� me dije: si �ste no se muri� aqu�, no se muere m�s. Es inmortal. Y despu�s ni me acord� m�s del viejo, que lo que alambramos, lo que cortamos clavos, los fierros que cortamos con el upite, hermano, ni te la cuento. Eso no se puede relatar, hermano, porque rez�bamos, nos d�bamos vueltas, hab�a gente que se sentaba entre todo ese quilombo porque no quer�a ni mirar. Porque nos cagaron a pelotazos, ya el segundo tiempo era una cosa que la ten�an siempre ellos y �sab�s qu� era lo fulero, lo terrible? �Qu� si nos empataban nos ganaban, hermano, porque �sa es la justa! �Nos ganaban esos hijos de puta! �Nos empataban, �bamos a un suplementario y ah� nos iban a hacer refocilar el orto porque estaban m�s enteros y se ven�an como un mal�n los guachos! �Qu� manera de alambrar! Dec� que ese d�a, Dios querido, yo no s� que ten�a el flaco Menuttl que sac� cualquier cosa, sac� todo, vos no quieras creer lo que sac� ese d�a ese flaco enclenque que parec�a que se romp�a a pedazos en cada centro. Le sac� un cabezazo de pique al suelo a Silva que lo vimos todos adentro, hermano, que era para ir todos en procesi�n y besarle el culo al flaco �se �qu� pelota le sac� a Silva! Ah� nos infartamos todos, faltaban cinco minutos y si nos empataban, te repito, �ramos boleta en el suplementario. Me acuerdo que miro para atr�s y lo veo al viejo, blanco, p�lido, con los ojos desencajados, pobrecito, pero vivo. Y ahora yo te digo, te digo y me gustar�a que me contesten todos esos que ahora dicen que fue una hijaputez lo que hicimos con el viejo Casale ese d�a. Me gustar�a que alguno de esos turritos me contestara si alguno de ellos lo vio como lo vi yo al viejo Cassale cuando el refer� dio por terminado el partido, hermano. Que alguno me diga si, de puta casualidad, lo vio al viejo Casale como lo vi yo cuando el refer� dio por terminado el partido y la cancha era un infierno que no se puede describir en palabras. Te digo que me, gustar�a que alguien me diga si alguien lo vio como lo vi yo. �La cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegr�a en la cara de ese viejo! �Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a ese viejo, que te puedo asegurar que ese d�a fue para ese viejo el d�a m�s feliz de su vida, pero lejos lejos el d�a m�s feliz de su vida, porque te juro que la alegr�a que ten�a ese viejo era algo impresionante! Y cuando lo vi caerse al suelo como fulminado por un rayo, porque qued� seco el pobre viejo, un poco que todos pensamos; ?�qu� importa!? �Qu� m�s quer�a que morir as� ese hombre! �Esa es la manera de morir para un canalla! �Iba a seguir viviendo? �Para qu�? �Para vivir dos o tres a�os rasposos m�s, as� como estaba viviendo, adentro de un ropero, basureado por la esposa y toda la familia? �M�s vale morirse as�, hermano! Se muri� saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegr�a de haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos! �As� se ten�a que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! �Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo �sa, hermano! Yo elijo �sa.

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