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06/07/2026

La belleza de la semana: seis pinturas que convirtieron la lectura en un acto visual

Fuente: telam

Seis artistas de distintas épocas y tradiciones encontraron en el acto de leer un motivo tan fértil como cualquier batalla o paisaje

Leer es, antes que nada, una postura del cuerpo y una disposición de la luz. Los pintores lo supieron siempre. Durante siglos, el libro fue objeto de representación tan frecuente como el pan o la fruta, y la figura del lector �absorto, inclinado, iluminado� se convirtió en uno de los temas más persistentes de la historia del arte.

Esta selección recorre seis obras que, desde el siglo XVI hasta el presente, tradujeron ese gesto íntimo en imagen.

El más extravagante de todos es El bibliotecario, de Giuseppe Arcimboldo, pintado hacia 1566 y conservado en el castillo de Skokloster, en Suecia. El pintor milanés, retratista oficial de la corte de los Habsburgo, construyó un rostro humano con libros apilados: las tapas forman los ojos, los lomos el cuerpo, un volumen abierto corona la cabeza como si fuera un sombrero. La obra forma parte de una serie de retratos compuestos con objetos vinculados al oficio del representado.

Se piensa que el modelo fue Wolfgang Lazius, humanista e historiador al servicio del emperador Maximiliano II. Desde su primera exhibición, la pintura dividió a los estudiosos: algunos la leen como un homenaje a la erudición del Renacimiento; otros, como una burla a quienes acumulan libros sin leerlos. El título que hoy lleva �Bibliotekarien, en sueco� no aparece en ningún inventario anterior al siglo XX.

Tres siglos después, Edward Burne-Jones eligió un tono radicalmente distinto. En Retrato de Katie Lewis (1886), la hija del abogado y mecenas sir George Lewis aparece recostada en un sofá dorado, vestida de negro, con un libro abierto entre las manos y un perro dormido a su lado. La niña lee con tal concentración que parece ajena al pintor.

Burne-Jones, figura central del movimiento prerrafaelita, realizó varias obras en torno a la familia Lewis durante la primera mitad de la década de 1880. Esta, en particular, fue exhibida en la Grosvenor Gallery de Londres en 1887 y donada por el artista al padre de la niña en 1897. El libro que sostiene Katie es una edición ilustrada de la leyenda de San Jorge y el dragón.

René Magritte abordó la lectura de forma oblicua, como era su costumbre. La reproduction interditeReproducción prohibida� es un óleo de 1937 encargado por el poeta y mecenas Edward James para el salón de baile de su residencia en Londres.

El cuadro muestra a un hombre de espaldas frente a un espejo: el espejo, en lugar de devolver su rostro, refleja también su nuca. Sobre la repisa, sin embargo, un libro sí aparece correctamente reflejado.

Ese volumen es una edición francesa de Las aventuras de Arthur Gordon Pym, la única novela de Edgar Allan Poe, autor predilecto de Magritte. La paradoja del cuadro reside en que el objeto inanimado obedece las leyes de la física, mientras que el ser humano las viola. La obra se conserva en el Museum Boijmans Van Beuningen de Rotterdam.

Van Gogh firmó con su nombre de pila �Vincent� el dibujo al que pertenece la imagen precedente. Campesino leyendo junto al fuego data de 1881, año en que el artista vivía con sus padres en Etten, en los Países Bajos, y se dedicaba a retratar a trabajadores rurales en sus actividades cotidianas.

El modelo fue Cornelis Schuitemaker, un veterano de guerra que dependía de la asistencia social. La escena es austera: un hombre sentado en una silla de paja, inclinado sobre un libro, con una chimenea encendida a su derecha. Los tonos son ocres y grises, la línea es firme. Es una obra del Van Gogh anterior a la paleta brillante, cuando todavía miraba el mundo con los ojos del realismo social.

En Mujer leyendo, del pintor español nacido en 1962 Gabriel Picart, una figura con falda de patchwork en tonos azules lee sentada en unos peldaños de piedra, descalza, bajo un sol que recorta las sombras con precisión.

La puerta de madera oscura y las flores al fondo sitúan la escena en el sur de Europa. Sus obras forman parte de colecciones privadas en España, Estados Unidos, Alemania, China y Reino Unido, entre otros países.

La última imagen pertenece al recientemente fallecido David Hockney. A partir de 2009, el pintor británico comenzó a dibujar con el dedo en la pantalla de un iPhone, usando la aplicación Brushes, y envió las imágenes resultantes a amigos y colaboradores. Cuando Apple lanzó el iPad en 2010, Hockney adoptó el nuevo dispositivo de inmediato y amplió su producción digital a flores, paisajes y naturalezas muertas.

La pintura de esta selección que se encuentra en el libro Una ventana al mundo (Taschen) muestra una lámpara de escritorio que derrama luz amarilla sobre una pila de libros, con una ventana nocturna al fondo en la que se distingue una grúa de construcción. El fondo es violeta intenso, la luz es eléctrica y las líneas son rápidas. Es una imagen hecha desde la cama, en la oscuridad, con un aparato que cabe en la palma de la mano, y que Hockney convirtió en soporte artístico con la misma naturalidad con que otros eligieron el lienzo o el papel.

Fuente: telam

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