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INTERNACIONAL

05/08/2026

Desde Pablo VI hasta Francisco: cómo fueron las visitas de los papas a América Latina a lo largo de la historia

Desde Pablo VI hasta Francisco: cómo fueron las visitas de los papas a América Latina a lo largo de la historia

Fuente: Netfan Servicios

El continente con mayor cantidad de fieles católicos del mundo recibió a cuatro pontífices en más de cinco décadas. Cada viaje dejó mensajes que trascendieron lo religioso y se adentraron en la historia política y social de la región

El 22 de agosto de 1968, Pablo VI aterrizó en el Aeropuerto El Dorado de Bogotá y se convirtió en el primer pontífice de la historia en pisar suelo latinoamericano. Dos millones de personas se agolparon a lo largo de la carretera que unía el aeropuerto con la catedral de la Plaza de Bolívar. La imagen del Papa besando el suelo colombiano al bajar del avión circuló por todo el mundo y marcó el inicio de una relación que, durante más de cinco décadas, los pontífices que lo sucedieron sostuvieron y profundizaron con el continente que concentra la mayor cantidad de fieles católicos del planeta.

Cada visita papal a América Latina reflejó el pulso de su época: dictaduras militares, guerras, procesos de paz, crisis de fe, escándalos internos y transformaciones sociales. Los papas llegaron a la región con mensajes distintos, pero con una constante: el peso simbólico y político de su presencia siempre superó los límites estrictamente religiosos.

El viaje de Pablo VI a Colombia duró apenas 72 horas, pero su agenda incluyó cerca de 20 encuentros. El motivo formal era inaugurar el XXXIX Congreso Eucarístico Internacional y abrir la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM). Pero fue su encuentro con los campesinos en Mosquera el que dejó una huella más duradera.

Ante 300.000 trabajadores de la tierra, el papa Montini pronunció palabras que ningún pontífice había dirigido antes directamente a ese público: "Conocemos sus condiciones de vida: son para muchos de ustedes condiciones miserables, a menudo inferiores a las necesidades normales de la vida humana. Ahora nos escuchas en silencio: pero nosotros escuchamos más bien el grito que se eleva de sus sufrimientos y los de la mayoría de la humanidad". A los sectores de poder, en cambio, les exigió que abandonaran su "posición estática, que puede ser o parecer privilegiada", y se pusieran "al servicio de los que necesitan su riqueza".

El viaje se produjo en plena efervescencia de la Teología de la Liberación, una corriente que sacudía a la Iglesia latinoamericana y que buscaba articular el mensaje evangélico con la lucha contra la pobreza y la injusticia. Pablo VI no se alineó con esa corriente, pero tampoco la ignoró: su mensaje fue claro respecto al camino que debía seguir la Iglesia.

"Ni el odio, ni la violencia son la fuerza de nuestra caridad", le dijo a los obispos del continente reunidos en la II Asamblea General del CELAM. La austera figura del Papa del Concilio Vaticano II, que había cruzado el Atlántico por primera vez, se transformó en tres días en la de un líder cercano y familiar para los colombianos.

Ningún pontífice antes ni después igualó la presencia de Juan Pablo II en América Latina. A lo largo de su pontificado —el tercero más extenso de la historia de la Iglesia Católica— realizó 18 viajes apostólicos a la región, que incluyeron 26 visitas a distintos destinos, y recorrió más de 20 países. Él mismo la bautizó como "el continente de la esperanza" durante su primer viaje internacional, en enero de 1979, cuando recorrió la República Dominicana y México. Su llegada a territorio mexicano rompió esquemas: era la primera vez que un papa pisaba ese país, donde la Constitución prohibía las manifestaciones religiosas en espacios públicos, y aun así las multitudes desbordaron las calles.

México y Brasil fueron sus destinos más frecuentes: visitó el primero en cinco oportunidades y el segundo en cuatro. Argentina, Perú y Uruguay recibieron al papa polaco en dos ocasiones cada uno. Sus viajes no se limitaron a los países más grandes: Juan Pablo II recorrió naciones pequeñas, comunidades remotas y escenarios de conflicto, siempre con la convicción de que la presencia física del papa tenía un efecto que ningún documento vaticano podía replicar.

Su relación con Argentina ilustra bien esa lógica. Llegó por primera vez en junio de 1982, en plena guerra de las Malvinas, en una visita de emergencia que interrumpió una gira europea. El objetivo era único: pedir el cese del enfrentamiento armado entre Argentina y el Reino Unido. Fue un gesto de mediación sin precedentes, y su sola presencia en Buenos Aires en ese momento tuvo una resonancia política que trascendió largamente el ámbito religioso. Regresó en abril de 1987 con un perfil más pastoral: presidió la II Jornada Mundial de la Juventud en la capital y recorrió Paraná, Rosario, Córdoba y Mendoza.

En Cuba, su visita de 1998 abrió un capítulo inédito. Fue el primer papa en llegar a la isla caribeña, y desde allí lanzó una frase que resumió su postura: pidió que "el mundo se abra a Cuba y Cuba se abra al mundo". El viaje generó un canal de diálogo entre la Iglesia y el Estado cubano que ninguna gestión diplomática había logrado abrir antes. Fidel Castro lo recibió personalmente, y las imágenes del líder de la Revolución junto al papa polaco dieron la vuelta al mundo.

A lo largo de todos sus viajes latinoamericanos, Juan Pablo II mantuvo una postura de equidistancia política: rechazó las dictaduras militares de derecha que habían asolado el continente durante los años 70 y 80, y se distanció también de la Teología de la Liberación de corte marxista, a cuyos exponentes más radicales llegó a confrontar directamente.

Su figura encarnó la defensa de los derechos humanos y la dignidad de la persona desde una perspectiva que se negaba a ser cooptada por ninguno de los dos bloques de la Guerra Fría.

Benedicto XVI viajó a América Latina en dos oportunidades durante su pontificado, una cifra considerablemente menor a la de su predecesor. Su primera visita fue a Brasil, del 9 al 14 de mayo de 2007, y resultó ser también su primer viaje fuera de Europa como papa. El destino fue el santuario de Aparecida, patrona del país, donde inauguró la V Conferencia General del CELAM. Allí trazó las líneas de una nueva evangelización para América Latina y el Caribe y canonizó a Fray Galvão, el primer santo nacido en suelo brasileño. En esa misma conferencia tuvo un papel activo el entonces cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, quien seis años después se convertiría en su sucesor.

La segunda visita de Benedicto XVI a la región, del 23 al 29 de marzo de 2012, lo llevó a México y Cuba. En Guanajuato celebró una misa en el Parque Bicentenario y se reunió con el entonces presidente Felipe Calderón. En Cuba, donde ofició en la Plaza de la Revolución en conmemoración de los 400 años del hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre, mantuvo también un encuentro privado con Fidel Castro.

Ese viaje tuvo una consecuencia que nadie anticipó. Según reveló en 2013 el entonces director del diario vaticano L'Osservatore Romano, Gian María Vían, fue precisamente tras ese recorrido por México y Cuba cuando Benedicto XVI tomó la decisión de presentar su renuncia al pontificado, que se hizo efectiva el 28 de febrero de 2013. Fue la primera renuncia papal en casi 600 años y abrió paso a la elección del primer papa latinoamericano de la historia.

El 13 de marzo de 2013, la Iglesia Católica eligió por primera vez a un papa nacido en América Latina. Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, tomó el nombre de Francisco y reorientó el perfil de los viajes apostólicos hacia las periferias, los pobres y los migrantes. En sus primeros diez años de pontificado visitó 10 países de la región, con un estilo que priorizó el contacto directo con las comunidades más vulnerables por sobre los protocolos diplomáticos.

Su primer destino latinoamericano fue Brasil, en julio de 2013, para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Río de Janeiro, que reunió a cerca de cuatro millones de jóvenes de 175 países. Francisco reemplazó el papamóvil blindado por un vehículo abierto y ante la multitud lanzó una de sus frases más recordadas: "¡Hagan lío!".

En julio de 2015 viajó a Ecuador, Bolivia y Paraguay. En Santa Cruz de la Sierra presidió una misa con dos millones de fieles y se reunió con el entonces presidente Evo Morales. Antes de partir de Bolivia, rezó ante la imagen de la Virgen de Copacabana. Fue en ese recorrido donde pidió perdón por los crímenes cometidos contra los pueblos indígenas durante la conquista, un gesto sin antecedentes en la historia papal. En Paraguay visitó el penal del Buen Pastor y recorrió el barrio Bañado Norte de Asunción, una de las zonas de mayor pobreza del país.

Ese mismo septiembre de 2015, Francisco se convirtió en el tercer pontífice en visitar Cuba. Desde la Plaza de la Revolución advirtió que "las ideologías atentan contra el desarrollo de la sociedad", se reunió con Fidel Castro y con el entonces presidente Raúl Castro, y decretó el Jubileo de la Misericordia en el marco del centenario de la consagración de la isla a la Virgen. En ese viaje también subrayó la importancia de mejorar el vínculo entre Cuba y Estados Unidos, en un momento en que ambos países atravesaban un proceso de acercamiento diplomático.

Del 12 al 17 de febrero de 2016, Francisco recorrió cinco ciudades de México en una visita que abarcó desde la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe hasta la frontera con Estados Unidos. Ante 50.000 fieles en la Basílica guadalupana y 400.000 en Ecatepec, el Papa llamó a "no negociar con el demonio" y rezó por las víctimas de los "traficantes de muerte". En Chiapas celebró una misa dedicada a los pueblos indígenas y pidió perdón por la exclusión histórica hacia ellos. En Ciudad Juárez visitó un centro de readaptación social y en "El Punto", a metros del muro fronterizo con Estados Unidos, bendijo una cruz en memoria de los migrantes que cruzan hacia el norte. Ante los jóvenes, les pidió que no se dejaran "enganchar" por las redes del narcotráfico.

En 2017 llegó a Colombia con una misión específica: acompañar el proceso de reconciliación nacional tras la firma de los acuerdos de paz con las FARC. Presidió en Villavicencio un Gran Encuentro de Oración por la Reconciliación Nacional, celebró cuatro misas campales entre el 6 y el 10 de septiembre, y proclamó beatos al obispo de Arauca, Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, y al sacerdote Pedro María Ramírez Ramos. En Cartagena rezó en el santuario de San Pedro Claver, figura histórica de la lucha contra la esclavitud.

Del 15 al 21 de enero de 2018, Francisco visitó Chile y Perú. En Chile, su recorrido estuvo atravesado por la crisis de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes: el Papa expresó públicamente su "vergüenza" por los hechos, aunque sus declaraciones sobre el obispo de Osorno, Juan Barros, generaron malestar y se tradujeron en una participación más escasa de lo esperado en algunas ceremonias. En Temuco celebró una eucaristía "por el progreso de los pueblos" ante unos 250.000 fieles, y en Iquique presidió la misa de Nuestra Señora del Carmen. En Perú, recorrió Lima en papamóvil, mantuvo un encuentro con pueblos originarios amazónicos en Puerto Maldonado y celebró una misa ante más de un millón de personas en la Base Aérea Las Palmas.

En enero de 2019, Francisco viajó a Panamá para la Jornada Mundial de la Juventud, donde recorrió una cárcel de menores y presidió varias misas con jóvenes de todo el mundo. Fue su décima visita a un país latinoamericano como pontífice, y consolidó un estilo de papado que, desde el primer día, puso a América Latina en el centro de su mirada pastoral.

El papa León XIV será el quinto pontífice que visitará la región. Realizará en noviembre su primera gira por América Latina con un viaje que lo llevará a Uruguay, Argentina y Perú. El recorrido apostólico se extenderá del 6 al 17 de ese mes.

Fuente: Netfan Servicios