08/06/2026
Hajime Moriyasu y Japón enfrentan su grupo más ambicioso en el Mundial 2026 con Países Bajos como primera prueba
Fuente: telam
Los Samuráis Azules llegan al torneo como uno de los equipos asiáticos de mayor jerarquía internacional, respaldados por el liderazgo del Grupo E en Qatar 2022 por encima de dos selecciones campeonas del mundo
La historia de Japón en mundiales cambió sustancialmente en las últimas décadas. Hasta Francia 1998 no había disputado ningún torneo, pero desde entonces su presencia ha sido absoluta y no faltó a ninguna edición, incluyendo la organización en 2002. El crecimiento se traduce en grandes participaciones.
Si bien su máximo logro por el momento fue alcanzar los octavos de final, en las últimas copas estuvo a detalles de poder romper esa barrera. Estos hitos coinciden con la presencia de Hajime Moriyasu en el banco de suplentes: primero como asistente y luego como entrenador.
Con una confianza renovada y metas ambiciosas, los nipones encaran el debut del Mundial 2026. El equipo se consolidó como un rival de élite internacional, dejó atrás antiguos complejos frente a potencias europeas y su director técnico apunta a superar el ahora quinto partido. El grupo se apoya en una generación versátil, con el aprendizaje de éxitos recientes y una transición ordenada.
El recorrido de Hajime Moriyasu en el fútbol japonés abarca distintas etapas, primero como jugador y luego como técnico, hasta convertirse en el arquitecto del presente de la selección nacional.
Formado en el Sanfrecce Hiroshima, donde disputó más de 250 partidos a lo largo de 14 años, vivió el dolor de la "Agonía de Doha" en 1993, cuando el país asiático perdió su primera clasificación a un Mundial en el último minuto frente a Irak. Tras su retiro en 2003, inició su carrera como entrenador en el club de su vida, consiguiendo tres títulos de la J-League e impulsando su perfil como estratega.
En el plano de selecciones, asumió roles formativos y se consolidó dirigiendo al combinado sub-23. Su vínculo con la selección absoluta se reforzó en 2018, cuando fue asistente técnico de Akira Nishino durante el Mundial de Rusia. En esa Copa del Mundo, alcanzaron los octavos de final y estuvieron cerca de eliminar a Bélgica, experiencia que marcó el aprendizaje de él y los jugadores sobre los desafíos y exigencias de la élite internacional.
El paso como ayudante fue clave para identificar debilidades estructurales y rescatar virtudes de procesos anteriores. Tras la salida de Nishino, Moriyasu tomó el mando de la selección mayor con el reto de liderar un nuevo ciclo, combinando lo aprendido en Rusia con su propia visión de trabajo. Esta transición lo consolidó como figura central del fútbol japonés, encargado de fusionar generaciones y preparar al equipo para competir en los escenarios más exigentes.
La actuación en la Copa del Mundo de Qatar 2022 se convirtió en uno de los hitos más destacados del fútbol asiático. El sorteo colocó a los Samuráis Azules en un grupo junto a dos campeones del mundo, Alemania y España, lo que representaba un desafío de máxima exigencia para el combinado nipón y su entrenador. Durante la fase de grupos, su equipo mostró una capacidad notable para reaccionar ante la adversidad: en el debut ante los teutones, el equipo remontó un 1-0 gracias a los ingresos oportunos de Asano y Doan, quienes hicieron los goles de la victoria en los minutos finales.
Si bien cayeron en la segunda fecha ante Costa Rica, frente a España volvieron a mostrar una versión aguerrida y que sepultó a una potencia. Al igual que en el primer encuentro, ingresó a Doan y Mitoma, quienes resultaron determinantes, ya que Doan empató el partido y Mitoma asistió en el gol que selló el triunfo por 2-1. Esta victoria permitió a Japón terminar como líder del Grupo E, por encima de dos selecciones históricas.
La participación japonesa concluyó en octavos de final tras empatar ante Croacia y caer derrotada por penales. Sin embargo, la campaña en Qatar sirvió para consolidar la reputación internacional del equipo y demostrar que Japón tenía la capacidad de competir con potencias mundiales.
"Creo que tenemos la calidad para llegar a cuartos de final. Después de eso, quién sabe si ganaremos o perderemos. El hecho de que ahora podamos decir eso de Japón, independientemente del rival, es realmente increíble", afirmó Moriyasu en declaraciones con la Japan Football Association. El entrenador subraya que el plantel ha demostrado capacidad para derrotar a selecciones campeonas y que, por tanto, es legítimo fijarse metas ambiciosas, como "ganar la Copa del Mundo".
El sorteo para el Mundial 2026 volvió a emparejar a Japón con rivales del viejo continente, entre ellos Países Bajos y Suecia, además de Túnez. El entrenador advirtió recientemente sobre la peligrosidad de la selección escandinava y analizó la probable estrategia de sus otros adversarios: "Creo que los Países Bajos jugarán más o menos a su propio estilo, mientras que Túnez probablemente intentará neutralizar el nuestro, o al menos tomar medidas para contrarrestarlo".
La gestión al frente de la selección de Japón ha estado marcada por la incorporación de principios y valores propios de la cultura japonesa al desarrollo deportivo y humano del equipo nacional. Este enfoque se refleja en la forma en que el entrenador concibe el trabajo grupal, la mentalidad ante la competencia y la relación de los futbolistas con el entorno futbolístico internacional.
Según la Japan Football Association (JFA), Moriyasu ha puesto el acento en la disciplina, la humildad y la solidaridad, considerándolas cualidades esenciales para la formación de equipos capaces de competir a alto nivel.
La Federación Japonesa destaca que transmite a sus dirigidos la importancia de "tomar al mundo con la alegría y el orgullo de ser japonés", una expresión que condensa el espíritu de pertenencia y el sentido de responsabilidad colectiva que caracteriza a la sociedad nipona. Este mensaje también busca fortalecer la autoestima de los futbolistas en escenarios globales, donde suelen enfrentarse a rivales de mayor tradición.
En declaraciones recogidas por la JFA, señaló que su misión incluye "mostrar las virtudes de los jugadores japoneses frente al mundo", una idea que se traduce en una apuesta táctica basada en la cooperación, la adaptabilidad y el esfuerzo compartido. El seleccionador ha insistido en la necesidad de "fusionar generaciones" y "construir el mejor equipo posible" a partir de la combinación de talento joven y experiencia, respetando siempre la herencia deportiva y cultural del país.
The Japan Times observó que la gestión de Moriyasu ha logrado "moldear a los Samurai Blue a su imagen", en referencia a la disciplina táctica, la humildad en la victoria y la capacidad de sobreponerse a la adversidad. El medio remarcó que estos valores culturales se reflejan tanto en el estilo de juego como en la actitud del plantel ante desafíos internacionales.
Por su parte, la JFA subraya que el entrenador, al asumir el cargo, manifestó su "honor y sobriedad" ante la responsabilidad, y que buscó siempre "no dar por sentados los esfuerzos de quienes trabajaron por el desarrollo del fútbol japonés". Esta perspectiva, propia de la cultura del agradecimiento y el respeto intergeneracional en Japón, se ha integrado en la vida cotidiana del seleccionado y en la relación entre veteranos y jóvenes.
Fuente: telam