CULTURA
30/10/2026
'Esperando a Godot' regresa a Buenos Aires con el peso específico del vacío existencial de Beckett
Fuente: Netfan Servicios
La pieza teatral más influyente del siglo XX se presenta de miércoles a domingos en el Teatro Alvear con Daniel Aráoz, Luis Ziembrowski, Osvaldo Santoro y Pablo Seijo, dirigidos por Helena Pimenta
¿Qué ocurre cuando el teatro renuncia a la acción, al conflicto y a la resolución, y decide quedarse simplemente con la espera? Esa pregunta que Samuel Beckett lanzó al mundo en 1953, vuelve a formularse aquí y ahora, en Buenos Aires, con el estreno de una nueva versión de Esperando a Godot en el Teatro Presidente Alvear, bajo la dirección de la española Helena Pimenta. La producción, a cargo del Complejo Teatral de Buenos Aires, reúne a Daniel Aráoz, Luis Ziembrowski, Osvaldo Santoro y Pablo Seijo en una pieza que, más de siete décadas después de su estreno, sigue negándose a ofrecer respuestas. Y ese es su enorme atractivo. El telón se levanta sobre un escenario casi desnudo —una tierra árida, un árbol pelado— y dos hombres, Vladimir y Estragon, que aguardan a alguien llamado Godot. Ese alguien nunca llega y en esa negativa, está el corazón de la obra, un clásico del teatro del siglo XX.
Lo que Beckett propuso fue una ruptura radical con la estructura dramática que el teatro occidental había sostenido durante siglos. Si la esencia de la escena es la acción, él la dejó suspendida: no la eliminó, sino que la mantuvo como una tensión silenciosa que ningún personaje se decide a encarnar. Sus criaturas no tienen nada que hacer; el tiempo en que esperan a Godot lo ocupan en actividades mínimas, insignificantes, que no alcanzan la envergadura de una trama convencional. El resultado es una acción sin sujeto, donde el tiempo vacío de propósito se convierte en el verdadero material de la obra.
La enorme performance escénica de los dos protagonistas carga con el peso de una comedia trágica y existencialista que se apoya en los contrapunto entre dos pobres hombres. Aráoz (Estragón), con el tono quejumbroso de su voz y un repertorio casi ilimitado de expresiones; Ziembrowski (Vladimir), ocurrente y capaz de mantenerse activo con una recorrida ida y vuelta del amplio escenario que, por más de un motivo, es una metáfora del vacío que los cubre. Hablan, se ríen, recuerdan, juegan, sueñan, se lamentan y coquetean con el absurdo ("dame un beso", le dice Aráoz en un momento inocultablemente olmediano del texto festejado por la platea). Osvaldo Santoro (Pozzo) y Pablo Seijo (Lucky), eventuales visitantes al desértico panorama, ponen lo suyo como esos otros dos personajes que beben del vacío existencial que todo parece invadirlo. En dos momentos clave de la pieza, emerge un niño -interpretado alternativamente por Oliverio Beccaria Hermida y Gonzalo Nahuel Aguirre- que precipita el gople de realidad. Godot no vendrá hoy, tal vez mañana, anuncia.
La dirección corresponde a la española Helena Pimenta , cuyos galones incluyen haber sido la primera mujer en dirigir la Compañía Nacional de Teatro Clásico de España y ser la ganadora del Premio Nacional de Teatro español y de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Para esta producción, la directora parte de una premisa clara sobre la vigencia de la obra. "Está en el corazón de la pieza y tiene que resonar en el oído del espectador", señala sobre la tensión central que genera la espera. La puesta en escena, austera y complementaria, opta por un tablado a la antigua, un espacio vacío y roto que Pimenta describe como "un escenario de pensamiento, de contraste entre los seres humanos que empiezan a abandonarse". La apuesta estética refuerza la idea central de Beckett: el tiempo es el soporte de la obra, y cuando se lo presenta desnudo, sin nada que lo aplaque, surge una mirada distanciada sobre la propia existencia.
Esperando a Godot no nació en el vacío. Beckett la escribió en francés entre 1948 y 1949, en la posguerra inmediata, cuando Europa procesaba el horror de los campos de concentración nazis y comenzaba a desencantarse del régimen soviético. El filósofo Michel Foucault, que presenció la función parisina de 1953, la recordaría años después como "una actuación que dejaba sin aliento" y el punto de quiebre de su generación intelectual. Beckett creó personajes que son sobrevivientes: la contracara exacta del héroe trágico clásico. Donde el héroe sacrificaba su vida por un sentido, Vladimir y Estragon eligen vivir sin sentido. Han renunciado a cualquier objetivo. Están en un espacio incierto, un camino sin nombre, acompañados únicamente por un árbol que oficia de referencia imprecisa para el encuentro con el esperado personaje. El proceso de desubjetivación que escenificó Beckett es el retrato de una humanidad que el siglo XX había vaciado de certezas.
La obra dialoga con las filosofías existencialistas de Jean-Paul Sartre y Søren Kierkegaard: Vladimir y Estragon deciden libremente esperar a Godot sin tener certeza alguna de que llegará. Esa libertad, sin embargo, no los redime; los condena a una soledad radical. El universo beckettiano no ofrece salvación ni resolución: presenta la vida como un ciclo repetitivo, donde el tiempo es ambiguo y los personajes no recuerdan con claridad el pasado ni pueden distinguir un día del siguiente.
Uno de los hallazgos más comentados por la directora es el rol que el lenguaje ocupa en la dramaturgia beckettiana. "Los seres beckettianos existen porque hablan. La acción ya no es una posibilidad, sino un elemento ficcional, una suerte de representación en el plano de la vida. Entonces solo queda la palabra como un territorio que los ubica en un nivel diferente", explica Pimenta.
Esa palabra, sin embargo, no produce correspondencia entre lo dicho y lo hecho. El cuerpo acusa una actitud inconducente; el movimiento escénico no confirma el discurso; lo que realmente pasa en escena y lo que los personajes dicen que pasa son dos realidades paralelas que nunca se tocan. Es allí donde radica la incomodidad productiva que la obra genera en el público, una incomodidad que Beckett calculó con precisión: el sinsentido no puede completarse con un nombre ni con una forma definida, porque llenarlo implicaría traicionar la pregunta que la pieza formula. Todos esperamos por algo, al fin y al cabo.
*Esperando a Godot se presenta de miércoles a sábados a las 20 horas, y domingos a las 19 en el Teatro Presidente Alvear (Av. Corrientes 1639, CABA).
[Fotos: Carlos Furman / prensa CTBA]
Fuente: Netfan Servicios