Jueves 3 de Abril de 2025

Hoy es Jueves 3 de Abril de 2025 y son las 01:06 -

15.2°

InfoClima

ACTUALIDAD

Pandemia y después

A cinco años del evento global que dejó millones de víctimas, la pregunta por sus efectos se vuelve más actual que nunca. Una mirada al mundo que nos dejó el covid en la nota de la semana de Revista Acción.
*Por María Carolina Stegman

Recientemente los mercados internacionales se vieron sacudidos por un informe del medio británico The Daily Mail que afirmaba que se descubrió un nuevo coronavirus en China con potencial para causar otra pandemia. La noticia despertó los recuerdos de lo que sucedió el 31 de diciembre de 2019, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó la existencia de casos de «neumonía vírica» en Wuhan (China). En nuestro país, el 20 de marzo de 2020 será recordado como la fecha en la que la vida como se conocía hasta ese momento cambió: fue el inicio del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio, que se prolongó hasta el 31 de enero de 2021. Mientras transcurría la pandemia, filósofos, sociólogos y otros especialistas arrojaban sus vaticinios respecto de cómo sería el mundo después del covid. Las predicciones iban desde el fin del capitalismo, como anunciaba el esloveno Slavoj Zizek, hasta otras más pesimistas, de la mano del surcoreano Byung-Chul Han, quien advertía el devenir de un capitalismo recargado y el surgimiento de formas alternativas de movilización. ​​​​​​​La magnitud de la pandemia superó todas las expectativas, y también sus efectos. Para la socióloga e investigadora María Pía López, «la conclusión que parece haber sacado gran parte de las poblaciones del globo es que se puede ir por más, en el sentido de la destrucción. Me impresionan mucho dos elementos que están presentes en nuestra escena contemporánea: uno es el Gobierno directo de las oligarquías tecnológicas, algo que se ve en Estados Unidos, donde terminaron de convertirse en ese poder dominante». También, agrega, «hay algo que es muy poderoso y difícil de pensar que tiene que ver con la extensión de la lógica de la guerra: hoy habitamos un mundo en guerra por los territorios. Las imágenes de la pandemia nos condicionaron a la crueldad en lugar de advertirnos sobre la necesidad de mayores cuidados del medioambiente. Asistimos a un momento en que la crueldad funda orden». Santiago Levín, presidente de la Asociación de Psiquiatras de América Latina (APAL), señala que mucho se habló en su momento de una nueva normalidad que nos aguardaría después de la pandemia. «Como dice la canción de Serrat, luego de la fiesta (en este caso de la catástrofe) vuelve el rico a su riqueza y vuelve el pobre a su pobreza. Solo que ahora la pobreza es mayor y la riqueza está más concentrada en menos manos. Creo que la pandemia actuó con un cristal de aumento, como un aumentador y acelerador de procesos preexistentes. Fue una alarma del enorme daño que le hacemos al planeta, nuestra casa, y la inadmisible situación de inequidad global en la que vivíamos antes de ella, porque ya morían, todos los años, 5 millones de niños y niñas menores de 5 años por falta de alimento», subraya. ​​​​​​​Pero la pandemia no solo ofició como una suerte de lupa: finalmente aparecieron también nuevos problemas derivados de la propia situación sanitaria, como la imposibilidad de contar con una salud mental comunitaria, con dispositivos capaces de asistir los padecimientos mentales que se agudizaban. ​​​​​​​«Las cuarentenas fueron necesarias, pero a la vez dejaron una marca imposible de negar. Estuvimos meses aferrados a nuestros celulares, a los medios electrónicos de comunicación, recibiendo buena y sobre todo mala información. Y en este sentido, una de las enseñanzas que la pandemia dejó es la importancia capital de la comunicación, aprendida antes que todos por las derechas y las ultraderechas globales», observa Levín. Era necesario, agrega, «reforzar, perfeccionar y diseñar una comunicación de y en pandemia que permitiera canalizar la angustia generalizada en acciones solidarias, pero esto no ocurrió. Por otro lado, la pandemia empeoró los indicadores mundiales de salud mental. En todas las franjas, pero muy especialmente en el sector de los púberes y los adolescentes. Las consultas han aumentado muchísimo (ese es el indicador principal) y preocupa mucho el aumento de tentativas suicidas adolescentes. Todavía no conocemos las causas, pero sin dudas la pandemia y las cuarentenas (que salvaron vidas) produjeron una retracción social forzada en un período en el que lo que se busca y lo que se precisa es justamente lo contrario», agrega el profesional. ​​​​​​​A cinco años de un acontecimiento que quedará en la historia, se revela importante también la pregunta sobre los modos de ser actuales. «Cada época construye su subjetividad. No es lo mismo vivir en una sociedad individualista y violenta en la que cada uno se salva a sí mismo y desconfía del otro, que en una donde el bien común es el objetivo. Hay que retomar nuestra propia militancia narrativa ‒concluye Levín‒. No queremos una batalla cultural sino una militancia cultural, que luche y defienda los valores que nos hacen mejores como civilización: solidaridad, amor, ayuda, asistencia, construcción colectiva, esperanza, arte, ciencia, poesía, abrazos y proyecto colectivo». «La historia siempre está abierta, es de lucha, conflictos, lo que nos exige un momento así es afinar nuestros instrumentos críticos ‒señala, por su parte, López‒. Y a la vez saber que para confrontar contra este orden de la crueldad, debemos hacerlo sin concesiones y sin desesperanza».

COMPARTIR:

Comentarios